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Un estudio de investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) confirmó que la mascarita peninsular, un ave que solo existe en los oasis de Baja California Sur, en realidad está dividida en dos subespecies distintas. El hallazgo podría cambiar el nivel de riesgo de extinción que tiene esta ave.
¿Qué encontró el estudio sobre la mascarita peninsular?
La investigación, publicada en la revista The Wilson Journal of Ornithology y encabezada por los investigadores Roberto Carmona y Sergio Flores-Ramírez, confirmó que la mascarita peninsular (Geothlypis beldingi) está dividida en dos poblaciones separadas: una en el norte del estado y otra en el sur.
Esta idea no es nueva. Desde 1917 existe una hipótesis que proponía esta división en dos subespecies, la norteña (G. b. goldmani) y la sureña (G. b. beldingi), basada en que los machos del norte tienen una línea blanca o clara sobre su máscara negra, mientras que en los del sur esa línea es muy tenue o no existe. Sin embargo, esta hipótesis nunca se había comprobado con datos estadísticos sólidos.
Para confirmarla, el equipo capturó y midió aves en dos oasis ubicados en los extremos de su distribución: San Ignacio, en el norte, y Santiago, en el sur. Usando distintos métodos estadísticos, encontraron una clara diferenciación en el tamaño entre ambas poblaciones, con una precisión de clasificación mayor al 95%, es decir, prácticamente podían distinguir a qué población pertenecía cada ave con solo mirar sus medidas corporales.
Según explicaron los investigadores en una publicación en redes sociales sobre su trabajo, los patrones de diferencia encontrados son consistentes con un aislamiento de largo plazo entre ambas poblaciones, lo que sugiere que el flujo de genes entre ellas es escaso. Esto significa que las aves del norte y las del sur prácticamente no se mezclan entre sí desde hace mucho tiempo.
“La división poblacional comentada es crucial para evaluar con precisión el riesgo de extinción de ambos grupos”, señalaron los autores, aunque aclararon que todavía se necesitan datos genéticos para medir con exactitud qué tan aisladas están reproductivamente estas dos poblaciones.
¿Cómo se hizo el estudio y qué tan aisladas están las dos poblaciones?
Los investigadores capturaron un total de 64 aves en los oasis de San Ignacio y Santiago, aunque solo usaron los datos de 45 ejemplares adultos para su análisis: 30 de San Ignacio y 15 de Santiago. A cada ave le tomaron seis medidas corporales: el largo del pico, del dedo medio, de la cola, del tarso, del ala y su peso.
Con esta información, aplicaron distintos análisis estadísticos para comparar ambas poblaciones. Uno de los hallazgos más llamativos fue que, al analizar solo a las hembras, lograron identificar correctamente el 100% de los casos a cuál de las dos poblaciones pertenecía cada ave, lo que indica una diferencia todavía más marcada entre ellas que la observada en los machos.
El estudio también aplicó lo que se conoce como la “regla del 75%”, un criterio que se usa para determinar si dos grupos de animales pueden considerarse subespecies distintas. De seis pruebas realizadas, cinco cumplieron con este criterio, lo que respalda que sí se trata de dos subespecies diferenciadas.
Los investigadores explicaron que ambos oasis están separados por más de 250 kilómetros de hábitat que no es apto para esta ave, lo que ha mantenido aisladas a las dos poblaciones durante mucho tiempo. No encontraron evidencia de mezcla entre ambos grupos, lo que respalda la idea de que esta separación lleva ocurriendo desde hace varias generaciones.
¿Por qué es importante este hallazgo para la conservación de la especie?
La mascarita peninsular es un ave pequeña, de unos 14 centímetros, que vive y se reproduce únicamente en los escasos oasis de Baja California Sur. Se estima que su población total es de entre 650 y 1,670 individuos adultos, una cifra ya de por sí muy baja.
En 2021, la especie fue reclasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), bajando su categoría de riesgo de “En Peligro” a “Vulnerable”. Esa decisión se basó en avistamientos esporádicos de aves fuera de los oasis donde se reproducen, lo que se interpretó como evidencia de que las poblaciones del norte y del sur estaban conectadas entre sí.
Sin embargo, los resultados de este nuevo estudio cuestionan esa interpretación. Según los investigadores, el hecho de que existan dos subespecies separadas significa que la población total del ave, ya pequeña de por sí, en realidad está fragmentada en dos grupos todavía más reducidos y aislados geográficamente. Esto cumple con la definición de “fragmentación severa” que usa la UICN para clasificar el riesgo de extinción de una especie.
Por esta razón, los autores del estudio proponen que se reevalúe el estatus de conservación de la mascarita peninsular, ya que, de acuerdo con los criterios de la UICN, los hallazgos respaldan que regrese a la categoría de “En Peligro” en lugar de “Vulnerable”. Mientras no existan estudios genéticos que confirmen con precisión el grado de aislamiento reproductivo entre ambas subespecies, los investigadores consideran que la evidencia morfológica presentada en este trabajo es la mejor información disponible para tomar decisiones de conservación, y recomiendan tratar a ambas poblaciones como grupos funcionalmente separados para fines de manejo y protección.