El 10 de mayo de Carmen: viajar a la CDMX para exigir justicia por el feminicidio de su hija
A ocho meses del asesinato de Leyla Montserrat en Sonora, su madre dejó su casa y viajó sola a la Ciudad de México para exigir cambios a la ley que permitió sentencias mínimas para las adolescentes que mataron a su hija.
Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Durante seis días la buscó sin dormir, sin comer y aferrada a la esperanza de encontrarla viva. Mientras tanto, asegura las dos adolescentes que la asesinaron seguían con su vida “como si nada hubiera pasado”.
Hoy, meses después del feminicidio que conmocionó a Sonora y al país por la brutalidad con la que fue cometido y grabado en video, Carmen llegó a la Ciudad de México con un objetivo: tocar puertas para exigir justicia y pedir una reforma legal que permita castigos más severos para menores de edad que cometen delitos graves.
“Mi intención es llegar a las personas indicadas y exponerles esto que está pasando, porque no nomás es mi caso. ¿Cuántos casos no van de adolescentes que matan a otros?”, dice en entrevista.
El caso de Leyla se volvió nacional luego de que se conociera que dos adolescentes, Britany Michel, de 15 años, y Montserrat, de 13, la engañaron para llevarla a una vivienda en el ejido El Desierto, en Sonora. Ahí la sentaron en una silla, le vendaron los ojos y la estrangularon con una cuerda.
El asesinato fue grabado por las propias agresoras. Después enterraron el cuerpo y le arrojaron cal.
Las investigaciones apuntaron a que el crimen habría estado relacionado con celos entre adolescentes. “Ya nunca voy a volver a ser la persona alegre que era antes”.
Una sentencia que indignó
En marzo de este año, un juez dictó sentencia bajo el Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes. Britany Michel recibió 2 años y 10 meses de internamiento; mientras que la menor de 13 años fue sentenciada a 11 meses de libertad asistida. Además, se fijó una reparación del daño de 5 mil 657 pesos.
Para Carmen, el fallo fue devastador. “Ellas le arrebataron la vida a mi hija, grabaron un video donde le estaban quitando la vida. No es justo que las leyes apoyen todo esto”, reclama.
La madre de Leyla asegura que el proceso estuvo lleno de irregularidades y cuestiona que el caso se resolviera mediante un procedimiento abreviado.
El Poder Judicial de Sonora ha defendido la sentencia argumentando que la legislación mexicana prioriza la reinserción social de adolescentes y limita las penas privativas de libertad para menores de edad.
Pero Carmen insiste en que la gravedad del crimen debía marcar una diferencia.
“Actúan como adultos y como adultos los tienen que castigar”, dice.
“No pude despedirme de mi hija”
En la habitación donde antes había música, TikToks y risas, ahora hay silencio.
“Mi hija siempre andaba con una sonrisa. Era la alegría en casa”, recuerda Carmen. “Le gustaba mucho pintarse, arreglarse sus cejas, hacer TikTok… cualquier otra niña”.
Hablar de Leyla le quiebra la voz.
“Todo le extraño. Sus abrazos. A veces me hacía bromas y ahorita la casa es un silencio porque ya no está”.
La crueldad del feminicidio también le arrebató la posibilidad de despedirse.
“Yo no pude despedir a mi niña. Me entregaron el cajón sellado. Esa fue la condición”, cuenta.
“Todavía de que le quitaron la vida, la enterraron y le echaron cal al cuerpo”.
Desde entonces, asegura, no ha tenido tiempo ni siquiera para llorar. “He llegado a quererme morir porque es un dolor muy grande. Ya nunca voy a volver a ser la persona alegre que era antes”.
Buscar justicia lejos de casa
La llegada de Carmen a la capital también representa una ruptura personal. Nunca había estado en la ciudad y tuvo que dejar Sonora para intentar ser escuchada.
“A veces es triste que tengas que salir de donde tú eres para buscar oportunidades y tocar puertas”, dice.
Aquí encontró personas que le dieron alojamiento, comida y apoyo. Pero también recibió otra noticia inesperada: una de las adolescentes implicadas presentó una denuncia en su contra por presuntas amenazas y daño psicológico, situación que la obligó a regresar temporalmente a Sonora para atender el proceso.
Aun así, insiste en continuar.
“Yo no voy a descansar hasta que cambie la ley. Yo sé que no es fácil, pero tampoco imposible”.
Su propuesta tiene incluso nombre: Ley Leyla.
Una iniciativa que buscaría endurecer las sanciones para adolescentes responsables de delitos graves, especialmente feminicidios.