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CDMX

Enseñar arte es también formar vidas: la historia de Patricia López, maestra de danza en CDMX

Patricia López da 29 clases a la semana y ha dedicado su vida a enseñar danza a niñas y niños en la CDMX. En el Día del Maestro y la Maestra, su historia refleja la vocación, el impacto y también la resistencia.

La historia de Patricia López, maestra de danza en CDMX. Foto: Paola Atziri
La historia de Patricia López, maestra de danza en CDMX. Foto: Paola Atziri

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Cuando Patricia López era niña, sentaba a sus Barbies y muñecas para darles clase. Aún no sabía exactamente qué quería enseñar, pero sí tenía claro algo: quería ser maestra.

Años después, encontró en la danza contemporánea el lugar desde donde construir su vida. 

Hoy, Patricia imparte 29 clases a la semana, trabaja con infancias, jóvenes y personas adultas, y dedica buena parte de sus días —y también de sus noches— a preparar sesiones, corregir planeaciones y seguir capacitándose.

En el marco del Día del Maestro y la Maestra, su historia retrata la realidad de cientos de docentes de artes en la Ciudad de México:  profesionistas apasionados con vocación para transmitir sus conocimientos desde el movimiento, la sensibilidad y la creatividad, aunque muchas veces su trabajo siga siendo minimizado por el sistema educativo y cultural.

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“Lo disfruto todos los días”

Para Patricia, enseñar nunca fue un accidente. Aunque inicialmente soñaba con convertirse en bailarina, terminó estudiando docencia en danza, una decisión que, asegura, le cambió la vida.

 “Soy muy afortunada. Creo que cuando haces lo que te gusta, le quitas la palabra trabajo”.

Su población favorita son las niñas y los niños. En ellos encuentra una capacidad de asombro y descubrimiento que, dice, transforma también a quienes enseñan.

Descubrirme a través de ellos y lo que podemos hacer juntos como grupo es mi mayor aprendizaje”.

La maestra asegura que la danza no solo enseña pasos o técnica. También ayuda a desarrollar seguridad, autoestima y confianza.

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 “Empiezan a creer que son capaces de hacer cosas que no imaginaban”.

*Enseñar danza en un sistema que minimiza al arte*

Aunque las artes forman parte del desarrollo integral de las infancias, docentes de danza, música, teatro y artes plásticas coinciden en que su trabajo suele ser visto como algo secundario dentro de la educación.

Patricia lo resume con claridad:

 “Hay que visibilizar mucho más las artes y darles la importancia necesaria”.

En México, maestras y maestros de arte enfrentan condiciones laborales inestables, pagos variables y, en muchos casos, ausencia de prestaciones. En escuelas particulares, una clase de danza puede pagarse entre 250 y 500 pesos por hora, pero el ingreso depende del número de grupos y horas disponibles.

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Además, detrás de cada clase existe trabajo invisible: preparación física, capacitación constante, diseño de actividades y traslados entre escuelas. 

 “Tú vienes a dar clases ocho horas, pero trabajas en tu casa otras ocho horas. Es un trabajo absorbente”.

La precarización también ha alcanzado a instituciones culturales y artísticas. En años recientes, docentes de danza han denunciado retrasos en pagos e infraestructura deteriorada en escuelas públicas dedicadas a la formación artística.

El valor de las maestras de arte

A pesar de las dificultades, Patricia insiste en que la educación artística es fundamental para el desarrollo de niñas y niños.  “La educación artística es el complemento perfecto para la educación”.

Para ella, las clases de danza también enseñan disciplina, integración y formas distintas de relacionarse con el cuerpo y las emociones.

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En un contexto donde las materias artísticas suelen quedar relegadas frente a otras áreas consideradas “más importantes”, maestras como Patricia sostienen espacios que permiten a las infancias expresarse, explorar y descubrir nuevas posibilidades sobre sí mismas.

“Te tiene que encantar ser maestro

Patricia reconoce que dedicarse a la docencia artística no es sencillo. Habla de un sistema “complicado”, de obstáculos constantes y de la necesidad de prepararse permanentemente para mantenerse vigente. 

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Pero aun con todo eso, no se arrepiente. “Te tiene que encantar ser maestro para ser un buen maestro”.

Y cuando piensa en quienes quieren seguir ese camino, vuelve a responder con la misma emoción de aquella niña que jugaba a dar clases en casa: “Que lo hagan. Va a ser la mejor experiencia”.

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