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CDMX

Guardianas aladas: las mujeres que enseñan y protegen a los murciélagos en CDMX

En Xochimilco, mujeres enfrentan mitos y defienden a los murciélagos para proteger a una colonia clave para el ecosistema urbano.

¿Quiénes son las guardianas aladas que protegen a los murciélagos ocultos en la CDMX? Foto: Paola Atziri
¿Quiénes son las guardianas aladas que protegen a los murciélagos ocultos en la CDMX? Foto: Paola Atziri

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En la Unidad Habitacional Hueso Periférico, en la alcaldía Xochimilco, cada atardecer el cielo se llena de siluetas aladas. No es una escena extraordinaria para quienes crecieron ahí. Son murciélagos urbanos que, año tras año, regresan al hueco entre los edificios 12 y 14 para refugiarse.

Los murciélagos habitan en esa Unidad al menos desde hace 40 años, es decir han estado allí desde el inicio de la ocupación de la unidad, convirtiéndose en un ecosistema urbano. 

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“Puede ser que antes aquí fuera un lugar donde los murciélagos pudieran estar… y cuando llegaron las construcciones encontraron un refugio habitable y continuaron llegando una y otra vez, ya que estos murciélagos son migratorios”, explica Ameyalli Marín Ventura, bióloga egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM y tesista en el Instituto de Ecología. 

En ese espacio habitan al menos tres especies insectívoras: la más abundante es Tadarida brasiliensis, acompañada por Nyctinomops macrotis y Myotis velifer. En la Ciudad de México existen 23 especies de murciélagos, un indicador —explica la ciencia— de que aún hay ecosistemas con potencial de conservación.

“Generalmente las especies que se encuentran aquí son especies que les gusta estar mucho entre grietas o en cuevas”, señala la bióloga

De paisaje cotidiano a problema vecinal

Para Pamela Martínez, socióloga y habitante de la unidad, los murciélagos siempre fueron parte del paisaje. “Desde que nací he vivido en la zona, hablar de los murciélagos en el entorno no era algo extraordinario ni diferente, siempre fue parte de la fauna”.

Recuerda que en su infancia eran incluso una forma de medir el tiempo: cuando salían, era hora de volver a casa.

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El conflicto estalló durante la pandemia. Con más tiempo en casa, varios vecinos comenzaron a notar el fuerte olor del guano —el excremento de murciélago— acumulado entre ambos edificios. El guano es rico en nitrógeno y puede desprender amoniaco; al mezclarse con cloro, puede generar vapores irritantes. 

Las quejas escalaron. Algunos vecinos pidieron a la alcaldía tapar el hueco para impedir el regreso de los murciélagos. Eso implicaba destruir su refugio y desplazar a miles de individuos. De acuerdo con Pamela, algunos vecinos tomaron medidas desde la ignorancia y echaban cloro, pero esto no solo perjudicaba a los animales. 

“Han escuchado muchas veces que dicen que nunca mezcle cloro y amoniaco porque se crea una bomba de olor. Entonces sí, eso era lo que podía suceder”, explica Ameyalli.

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Guardianas aladas

Lejos de apostar por la erradicación, Pamela buscó una solución que conciliara la salud vecinal con la protección de la fauna.

Así nació el colectivo Guardianes Alados, impulsado por ella, Ameyalli y otras biólogas: Liliana Rosas Durán, Andrea Cornejo Barcenas y Daniela Aguilar Jarquin. 

“Estamos acostumbrados a exigir a las autoridades, pero también es responsabilidad nuestra involucrarnos activamente en los problemas que aquejan a nuestras comunidades”, dice Pamela. El primer paso fue organizar festivales y talleres informativos. Llevaron especialistas para responder preguntas y desmontar miedos. 

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La primera fue todo un éxito, además en ese entonces recibieron apoyo monetario de una beca, lo que hizo que pudieran sostener su lucha.

Uno de los mensajes que más marcó a Ameyalli quedó escrito en un tablón comunitario: “No me gustan los murciélagos, para mí siguen siendo feos, pero ahora sé que son buenos y que no los tenemos que dañar”. Para ella, ese es el objetivo: “Reconocer que aunque no nos gusten, tampoco los debemos maltratar”.

El guano: un gran fertilizante

Ante la falta de respuesta institucional frente a la acumulación por años del guano, las integrantes del colectivo decidieron actuar con sus propios medios y conocimientos.

Hace un año retiraron el guano acumulado con herramientas adaptadas al estrecho espacio entre edificios y con el apoyo de seis mujeres. Sacaron aproximadamente 100 kg que fueron canalizados a zoológicos y huertos urbanos.

“El guano tiene un gran potencial como fertilizante orgánico, ya que contiene nitrógeno, fósforo y potasio”, explica la bióloga. En lugar de considerarlo basura, lo transformaron en recurso.

Hoy proponen un retiro periódico que evite la acumulación y el olor, sin dañar a los murciélagos.

La lucha: terminar con los mitos

Uno de los mitos más extendidos es que los murciélagos “chupan sangre”. Ameyalli aclara: en el mundo existen alrededor de mil 400 especies y solo tres se alimentan de sangre; ninguna representa un riesgo habitual para humanos en la ciudad. La mayoría, como las que habitan en Hueso Periférico, son insectívoras.

Otro temor recurrente es que el guano transmite enfermedades como la histoplasmosis. Pamela explica que para que el hongo que la causa prolifere se requieren condiciones muy específicas de alta humedad y temperatura, como en cuevas profundas. “Aquí en la ciudad no tiene esas características”, añade Ameyalli.

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Además, los murciélagos cumplen funciones ecológicas clave: controlan insectos que pueden convertirse en plagas agrícolas, reduciendo la necesidad de pesticidas; otras especies polinizan agaves —de donde provienen productos como el tequila y fibras— y dispersan semillas que ayudan a reforestar bosques.

“Los murciélagos son indicadores de la buena salud de un ecosistema”, subraya Ameyalli. Y explica que al no ser perjudiciales para los humanos no pueden ser considerados como plaga.

La unidad sigue dividida: hay quienes apoyan y quienes desconfían. Pero las guardianas insisten en que la clave es la información. “El conocimiento científico no debe quedar solamente en un laboratorio”, afirma Ameyalli. “Siempre es importante transmitirlo y que las personas se involucren con la fauna urbana”.

Pese a que su lucha viene desde la convicción, reconocen la necesidad de ser apoyadas para continuar con su labor. 

En Hueso Periférico, cada atardecer, las alas negras vuelven a dibujar el cielo. Y mientras algunos aún fruncen el ceño, otras ya aprendieron a mirar hacia arriba con orgullo.

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