Coahuila

¿Saltillo emparedaba a sus difuntos? La historia detrás de una leyenda de la capital

Saltillo y los difuntos emparedados: la leyenda colonial que sigue viva en el Centro Histórico.

Familia encontradnos restos de un emparedado en su casa / Foto: IA
Familia encontradnos restos de un "emparedado" en su casa / Foto: IA

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Las antiguas construcciones del Centro Histórico de Saltillo guardan historias que han pasado de generación en generación y que, con el tiempo, se han mezclado con hechos históricos, arquitectura colonial y relatos sobrenaturales. 

Entre ellas destaca una particularmente inquietante: la creencia de que algunas personas llegaron a ser asesinadas y ocultadas dentro de los gruesos muros de adobe de las antiguas viviendas.

Sin embargo, la idea de que en Saltillo existiera una práctica habitual para “emparedar” a los muertos no corresponde a una costumbre funeraria común ni a un procedimiento legal de la época. 

Una de las principales fuentes de esta creencia es la conocida historia de la llamada Casa de los Espantos, ubicada en la calle Nicolás Bravo, detrás de la Catedral de Santiago.

¿De dónde surgió la historia de los muertos ocultos dentro de las paredes?

La versión más conocida se relaciona con una antigua casona que, de acuerdo con la tradición local, habría sido escenario de un crimen durante el periodo virreinal. El relato fue recuperado y difundido por el cronista y poeta saltillense José García Rodríguez, quien convirtió esta historia en una de las narraciones más conocidas del imaginario de la ciudad.

Según la leyenda, la vivienda era habitada por Don Pedro, su esposa Doña Leonor y el pequeño hijo de ambos. La tranquilidad de la familia habría terminado cuando apareció Don Gonzalo, un hombre cuya relación con Leonor es interpretada de diferentes maneras en las versiones del relato.

Al encontrarlos juntos, Don Pedro habría reaccionado violentamente debido a los celos. La historia cuenta que asesinó a Gonzalo, a Leonor y hasta a su propio hijo. Posteriormente, habría utilizado los gruesos muros de adobe de la vivienda para ocultar los cuerpos y escapar de las consecuencias del crimen.

Es importante señalar que estos acontecimientos forman parte de una leyenda transmitida por la tradición local, no de un hecho histórico comprobado en los términos en que se narra.

¿Qué tiene de especial la llamada Casa de los Espantos?

La construcción se encuentra entre los inmuebles antiguos que forman parte de la memoria arquitectónica de Saltillo. De acuerdo con la tradición, una inscripción localizada en una de sus antiguas vigas señala el año 1627, fecha que se ha relacionado con la antigüedad de la propiedad.

La casa se ubica en la actual calle Nicolás Bravo, anteriormente conocida como calle del Cerrito, en las inmediaciones de la Catedral de Santiago. Su arquitectura, particularmente los gruesos muros de adobe característicos de las construcciones antiguas, contribuyó a alimentar diferentes historias alrededor del inmueble.

Con el paso de los años, la vivienda adquirió fama de ser un sitio donde ocurrían fenómenos inexplicables. La leyenda incluso cuenta que llegó un momento en que nadie quería habitarla debido a supuestos ruidos, corrientes de aire y otras manifestaciones atribuidas a los espíritus de las víctimas.

Una de las versiones más famosas relata que un hombre, ante la dificultad de encontrar vivienda, decidió instalarse en el inmueble. Para enfrentar el temor que provocaban las historias sobre la casa, invitó a un amigo a pasar la noche con él. Mientras ambos jugaban ajedrez, supuestamente comenzaron los acontecimientos sobrenaturales que terminarían revelando la tragedia ocurrida siglos atrás.

¿Realmente se emparedaba a los difuntos en las casas de Saltillo?

El contexto histórico permite separar la leyenda de las prácticas funerarias de la época. Durante el periodo colonial en la Nueva España, los entierros estaban vinculados principalmente con iglesias, conventos, criptas y camposantos, dependiendo de la posición social y las posibilidades económicas de cada persona.

Por ello, no puede considerarse que emparedar cadáveres dentro de viviendas fuera una práctica funeraria habitual en Saltillo. La historia de los cuerpos escondidos dentro de una casa pertenece principalmente al terreno de las leyendas urbanas y relatos de terror que se desarrollaron alrededor de edificios antiguos.

Otro elemento que pudo favorecer estas historias fue la propia arquitectura. Las casas antiguas utilizaban muros de adobe considerablemente gruesos, diseñados para ofrecer resistencia y ayudar a regular las condiciones térmicas del interior. Con remodelaciones, deterioro o derrumbes ocurridos siglos después, pudieron aparecer restos óseos cuya procedencia no siempre era evidente.

Además, en distintos periodos históricos hubo entierros relacionados con epidemias y situaciones extraordinarias, así como vestigios de ocupaciones anteriores. El hallazgo de restos humanos en construcciones antiguas podía convertirse fácilmente en el origen de nuevas historias sobre personas ocultadas deliberadamente dentro de las paredes.

Así, la leyenda de la Casa de los Espantos permanece como parte del patrimonio oral de Saltillo: una narración que combina arquitectura colonial, tragedia, misterio y elementos sobrenaturales, pero que no debe confundirse con evidencia de que los habitantes de la ciudad acostumbraran emparedar a sus difuntos.


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