Coahuila

Parras de la Fuente: el pueblo de Coahuila donde nació una de las tradiciones vinícolas más antiguas de México

Parras de la Fuente: la historia de más de 400 años que convirtió a Coahuila en tierra de vino para todo México.

Parras de la Fuente Coahuila se alza como uno de los destinos más importantes para el vino en México / Foto: Parras Una Experiencia Inolvidable
Parras de la Fuente Coahuila se alza como uno de los destinos más importantes para el vino en México / Foto: Parras Una Experiencia Inolvidable

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En medio del paisaje semidesértico de Coahuila existe un municipio cuya historia está estrechamente ligada a la producción de vino desde hace más de cuatro siglos. 

Se trata de Parras de la Fuente, un territorio donde la presencia de agua y las condiciones naturales del Valle de Parras permitieron que la vida encontrara un espacio para desarrollarse y, con el paso del tiempo, convertirse en una de las principales señas de identidad de la región.

Mucho antes de que Parras se consolidara como destino turístico, el valle ya era reconocido por sus manantiales y por la existencia de vides silvestres. Con la llegada de los españoles comenzaron a introducirse nuevas variedades procedentes de Europa y se establecieron los primeros cultivos organizados, dando paso a una tradición que continúa vigente.

¿Cómo comenzó la historia del vino en Parras?

Los antecedentes de la vitivinicultura en Parras se remontan al siglo XVI. De acuerdo con información histórica del INAH, el Valle de Parras llamó la atención por sus condiciones naturales, particularmente por la presencia de agua y vegetación asociada con la vid.

Uno de los primeros registros relacionados con el cultivo de uvas corresponde a Francisco de Urdiñola, quien habría plantado un viñedo en 1593. Pocos años después, en 1598, se estableció formalmente la Misión de Santa María de las Parras y las Lagunas.

Sin embargo, 1597 es considerado un año fundamental para entender la historia de la vitivinicultura local. El 19 de agosto de ese año, Lorenzo García recibió una merced de tierras que le permitió establecer cultivos de vid y producir vino. A partir de esa propiedad surgió la Hacienda de San Lorenzo, considerada el antecedente histórico de Casa Madero.

La antigüedad de este sitio explica por qué Parras suele aparecer relacionado con los orígenes de la tradición vinícola mexicana. Para evitar confusiones históricas, resulta más preciso hablar de una de las tradiciones vitivinícolas más antiguas del país y de una actividad que acumula más de cuatro siglos de continuidad.

¿Por qué la vida pudo desarrollarse en un territorio rodeado por el desierto?

La existencia de agua fue determinante. Parras se desarrolló alrededor de un sistema de manantiales, arroyos, estanques y acequias que permitió sostener diversas actividades agrícolas pese a encontrarse en una región predominantemente semidesértica.

Esta característica dio origen a la imagen de Parras como un oasis en medio del desierto. Los registros históricos de los primeros siglos de la colonia ya hacían referencia a la fertilidad del valle, la disponibilidad de agua y la presencia de vides que favorecían la producción de uva.

El acceso al agua permitió que los cultivos prosperaran y que la vitivinicultura pudiera mantenerse durante generaciones. Con el tiempo, los productores incorporaron nuevas variedades y métodos provenientes de Europa, adaptándolos a las condiciones de la región.

La historia de la vid en Parras, por tanto, no puede explicarse únicamente por la llegada de los españoles o por la existencia de determinadas variedades de uva. También está relacionada con un territorio que ofreció uno de los recursos fundamentales para que la agricultura pudiera desarrollarse en este punto del norte de México.

¿Cómo sobrevivió la tradición vinícola durante más de cuatro siglos?

La producción de vino en Parras atravesó distintas etapas y propietarios, pero la actividad relacionada con los viñedos, el vino y el aguardiente continuó presente durante los siglos posteriores a la fundación de la Hacienda de San Lorenzo.

Durante el siglo XIX llegó una etapa de modernización particularmente importante. La familia Madero impulsó cambios en los procesos de elaboración e incorporó técnicas y variedades europeas para mejorar la producción.

Uno de los episodios destacados ocurrió en 1889, cuando Evaristo Madero llevó vinos de la región a la Exposición Universal de París. Este tipo de experiencias contribuyó a la incorporación de nuevos conocimientos y métodos a una tradición que ya tenía varios siglos de historia.

Actualmente, esa herencia forma parte de la identidad turística de Parras. El municipio recibió la declaratoria de Zona de Monumentos Históricos en 1998 y posteriormente fue reconocido como Pueblo Mágico en 2004.

Las antiguas haciendas, los manantiales, los edificios históricos y los viñedos forman parte de una oferta que actualmente incluye recorridos, degustaciones, gastronomía y actividades relacionadas con la producción de vino. Las Fiestas de la Vendimia también mantienen el vínculo entre el calendario agrícola y la celebración de la cultura vitivinícola.

La antigua Hacienda de San Lorenzo, hoy vinculada con Casa Madero, constituye uno de los principales referentes de este legado y permite comprender cómo una actividad iniciada durante el periodo colonial logró transformarse hasta convertirse en uno de los principales atractivos turísticos de Parras.

Así, la historia vinícola de Parras puede entenderse como una cadena que comenzó con vides silvestres y manantiales, continuó con la llegada de nuevas variedades, pasó por siglos de producción y modernización y terminó convirtiéndose también en un atractivo turístico.

Más de 400 años después de aquellos primeros cultivos, la vid continúa siendo parte fundamental del paisaje y de la identidad de Parras. Su importancia no se encuentra solamente en las botellas que produce, sino en la historia que permanece alrededor de ellas: un patrimonio construido entre agua, desierto, agricultura, arquitectura y generaciones de productores.


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