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El sonido del organillo se ha convertido en parte del ambiente que acompaña a las familias que visitan el Panteón de Oriente durante las celebraciones del Día de Muertos en Durango. Entre las tumbas y los recuerdos de quienes ya partieron, este instrumento musical mantiene viva una tradición que ha pasado de generación en generación.
Marco Antonio, organillero proveniente de la Ciudad de México, compartió que esta actividad representa mucho más que un trabajo, pues se trata de una herencia familiar que tiene más de 50 años y que ha sido conservada por su abuelo, su padre y ahora él.
El organillero explicó que la historia de este instrumento tiene raíces antiguas y que su presencia en México se remonta a varias generaciones. Recordó que, con el paso de los años, el oficio se extendió desde la capital hacia diferentes partes de la República, donde distintas familias continúan dedicándose a esta actividad.
En su caso, la tradición familiar ha permitido que el sonido del organillo siga presente en espacios públicos y celebraciones populares, convirtiéndose en una actividad que busca conservarse a pesar del paso del tiempo.
El organillo armoniza el Día de Muertos en Durango
Marco Antonio señaló que cada año viajan desde la Ciudad de México hasta Durango para participar en diferentes temporadas, principalmente durante la Feria y las celebraciones del Día de Muertos, cuando acuden al Panteón de Oriente para compartir su música con quienes visitan a sus seres queridos.
Comentó que la respuesta de la ciudadanía ha sido favorable, pues las personas se acercan para escuchar las melodías que produce este peculiar instrumento, cuyo sonido forma parte de una tradición que todavía permanece en distintos puntos del país.
Más de 50 años de herencia familiar
Sobre el instrumento, explicó que su nombre es cilindro, aunque popularmente es conocido como organillo. Su funcionamiento y las melodías que reproduce lo convierten en una pieza característica de la música tradicional mexicana.
Asimismo, indicó que las aportaciones de quienes disfrutan de su música son completamente voluntarias, por lo que cada persona puede contribuir con la cantidad que considere conveniente.
De esta manera, entre visitantes, recuerdos y ofrendas, Marco Antonio continúa con una tradición familiar de más de cinco décadas, llevando el sonido del organillo hasta Durango y convirtiéndolo en parte del ambiente que acompaña el Día de Muertos en el Panteón de Oriente.