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Durante años, dos grandes vacas colocadas sobre la antigua planta de LALA en el bulevar Francisco Villa fueron uno de los puntos de referencia para los duranguenses. Desde distintos puntos de la zona podían observarse y se convirtieron en parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
Las vacas que todos usaban como referencia
Por más de 15 años, las estructuras permanecieron en la parte superior de la planta, al grado de que para muchas personas se volvieron una referencia para ubicarse en el sector. La frase “nos vemos en las vacas de la LALA” era utilizada con frecuencia entre quienes transitaban por el bulevar Francisco Villa.
Pero las vacas no eran el único atractivo que tenía este espacio. En la parte inferior de la planta existía un ventanal de grandes dimensiones, desde donde los ciudadanos podían observar parte del proceso de fabricación de los envases.
Para muchos niños, detenerse frente a ese cristal representaba una experiencia llamativa, pues podían observar cómo el plástico era moldeado y convertido en las botellas utilizadas para los productos de leche.
LALA nació en 1949 en la región de La Laguna, luego de una serie de cambios relacionados con la producción y comercialización de leche. Con el paso de los años, la empresa amplió sus operaciones y llegó a distintas partes del país, incluyendo Durango.
La planta ubicada sobre el bulevar Francisco Villa terminó convirtiéndose en uno de los espacios más reconocibles de la empresa en la ciudad. Además de su actividad industrial, para quienes vivían en la zona representaba un lugar de referencia y una parte del paisaje urbano.
En 2011, la planta sufrió un incendio, mientras que entre 2012 y 2015 LALA cerró seis plantas antiguas en diferentes puntos del país, entre ellas la ubicada en Durango.
Con el cierre, las máquinas fueron retiradas, el tradicional ventanal dejó de mostrar el proceso de producción ylas dos vacas desaparecieron del techo.
Actualmente, el inmueble permanece lejos de aquella actividad que durante años caracterizó al lugar. Las vacas ya no están, tampoco existe aquel ventanal que reunía a los niños frente a la fábrica, pero ambos elementos permanecen en la memoria de quienes crecieron en Durango y recuerdan aquella particular imagen sobre el Francisco Villa.