Durango

¿Sabías que la Catedral de Durango fue, por siglos, el corazón religioso del norte de México?

La Catedral Basílica Menor de Durango fue, hace varios siglos, la sede religiosa más importante del norte de la Nueva España

Catedral Basílica Menor de Durango | FOTO: Lorena Ríos
Catedral Basílica Menor de Durango | FOTO: Lorena Ríos

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Cuando se habla de la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción de Durango, normalmente se piensa en uno de los edificios más emblemáticos del Centro Histórico, en sus torres de cantera, sus retablos, su cúpula y la imponente fachada que domina la Plaza de Armas.

Pero detrás de esa imagen existe una historia mucho más grande.

La Catedral de Durango: el templo que durante siglos fue el corazón religioso del norte de México

Durante siglos, la Catedral de Durango no fue solamente el templo principal de una ciudad. Fue la sede religiosa desde la que se administró un territorio enorme del norte de la Nueva España, una región que llegó a comprender lugares que actualmente pertenecen a varios estados mexicanos y hasta territorios de Estados Unidos.

Por eso, para entender realmente la importancia de la Catedral, hay que dejar de verla solamente como un edificio y comenzar a verla como el corazón de una estructura religiosa que durante siglos tuvo a Durango como uno de sus principales centros de poder.

Durango, mucho más que una ciudad colonial

Desde su fundación en 1563, la ciudad de Durango se convirtió en un importante centro administrativo de la Nueva Vizcaya y, además, quedó vinculada al Camino Real de Tierra Adentro, la gran ruta que conectaba el centro de la Nueva España con las regiones mineras del norte hasta Santa Fe, Nuevo México.

El propio INAH señala que Durango se convirtió en un importante centro administrativo y sede del gobierno de la Nueva Vizcaya durante el periodo colonial.

La ubicación de la Villa de Durango no era casual

La ciudad se encontraba en una posición estratégica para las comunicaciones, el comercio, la minería, la agricultura y, especialmente, para la expansión de las misiones hacia el enorme territorio del septentrión novohispano.

Pero faltaba una pieza fundamental: una sede episcopal propia. El 11 de octubre de 1620, el papa Paulo V creó mediante la bula Altitudo el Obispado de la Nueva Vizcaya, con sede en Durango.

Este acontecimiento transformó completamente la importancia de la ciudad

La nueva diócesis abarcaba un territorio extraordinariamente extenso: Durango, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Arizona, Nuevo México, California y porciones de Coahuila y Zacatecas.

La propia Arquidiócesis de Durango lo describe como un “vastísimo territorio”. Incluso señala que en 1681 las Californias, cuya jurisdicción era disputada con Guadalajara, quedaron bajo Durango.

Para dimensionarlo hay que pensar que estamos hablando de una diócesis cuyo territorio atravesaba buena parte del actual norte mexicano y llegaba hasta regiones que hoy forman parte de Estados UnidosY el centro de esa enorme estructura religiosa estaba aquí, en Durango.

La Catedral de Durango nació de una iglesia mucho más sencilla

El templo que hoy conocemos no apareció de la nada. En el mismo sitio donde actualmente se encuentra la Catedral existía a principios del siglo XVII una iglesia parroquial dedicada a la Virgen de la Asunción.

Cuando Durango se convirtió en sede episcopal, aquella iglesia adquirió una nueva importancia. Sin embargo, había sufrido un hundimiento en 1620 y fue necesario realizar trabajos de reconstrucción entre 1620 y 1622.

La historia de la construcción de la Catedral de Durango estuvo llena de dificultades

En 1634 un incendio destruyó la primera catedral. Un año después comenzó la construcción de una segunda, pero los problemas de humedad terminaron provocando que también tuviera que ser derribada.

El proyecto definitivo comenzó a tomar forma hacia 1695, cuando el arquitecto tapatío Mateo Núñez propuso rehacer el cuerpo del templo con bóvedas de arista y concluirlo con portada y torresLa construcción avanzó lentamente, interrumpida en diferentes momentos por problemas económicos, modificaciones arquitectónicas y necesidades que iban apareciendo conforme avanzaba la obra.

En 1702 los trabajos se reanudaron con apoyo económico del rey y Joseph de la Cruz se encargó de la conclusión de la bóveda.

Para 1715 ya estaba terminada una de las torres, además de los dos cuerpos superiores de la portada principal. Sin embargo, todavía faltaban elementos importantes, como el órgano y el reloj, que tuvieron que encargarse en la Ciudad de México porque en Durango no había especialistas para fabricarlos.

El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos registra que en 1715 una de las torres ya estaba terminada, mientras que los trabajos del conjunto continuaron durante décadas. Incluso en 1777 todavía se documentaban obras en la Catedral.

La Arquidiócesis de Durango señala, por su parte, que la actual construcción se levantó hacia 1695 y que la obra quedó parcialmente terminada en 1713, aunque formalmente se dio por concluida hasta 1844, después de trabajos de decoración interior, altares y otros elementos.

Es decir, la Catedral es el resultado de un proceso constructivo que duró generacionesY eso explica también por qué el edificio reúne distintas expresiones arquitectónicas y por qué su aspecto actual es resultado de varias etapas.

Una Catedral que administraba un territorio gigantesco

Pero la verdadera importancia de la Catedral no estaba solamente en su arquitectura. Como sede episcopal, Durango se convirtió en un centro desde donde se organizaba buena parte de la vida religiosa de aquella enorme región.

Los obispos tenían responsabilidades que iban mucho más allá de la ciudad: debían atender parroquias, supervisar la actividad religiosa, organizar el clero y mantener comunicación con comunidades y misiones dispersas por un territorio enorme.

La propia Arquidiócesis explica que las enormes distancias y la diversidad de grupos indígenas, culturas y lenguas hicieron necesaria la creación de una nueva diócesis en la Nueva Vizcaya, precisamente porque la atención pastoral desde Guadalajara resultaba extremadamente complicada.

Por eso Durango se convirtió en un punto estratégico de la evangelización del norte

Franciscanos y jesuitas desarrollaron una intensa actividad misional en la Nueva Vizcaya. Los jesuitas, por ejemplo, comenzaron a llegar desde 1574 y algunos fueron enviados a lugares como Culiacán; posteriormente establecieron una residencia en Durango que se convirtió en un importante centro educativo.

La Catedral formaba parte de ese entramado religioso que conectaba la capital de la Nueva Vizcaya con un territorio inmenso.

También fue un centro donde se impartía el conocimiento

La importancia de Durango como sede episcopal tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la religión. La ciudad comenzó a concentrar instituciones educativas, libros, pinturas, esculturas y otros objetos culturales.

El INAH señala que, después del descubrimiento de las minas de Parral en 1631, Durango obtuvo la categoría de ciudad y en ella se establecieron un Colegio-Seminario y una Caja Real. La actividad minera, agrícola y educativa contribuyó a una etapa de bonanza que tuvo un importante impacto arquitectónico y cultural.

En 1705 se fundó formalmente el Seminario de Durango, destinado a la formación de sacerdotes

El Seminario tuvo inicialmente su sede en el inmueble que hoy conocemos como Edificio Central de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Posteriormente, después de que el gobierno expulsó al Seminario de ese inmueble en 1860, la diócesis construyó otro edificio para continuar con la formación de sacerdotes.

Así, alrededor de la Catedral se desarrolló una red de instituciones religiosas y educativas que ayudó a convertir a Durango en un centro cultural del norte.

Mucho más que un edificio

Hoy, la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción es uno de los grandes símbolos de Durango y uno de los edificios históricos más importantes del estado.

Pero su verdadera dimensión histórica se entiende solamente cuando se recuerda lo que representó durante la época colonialNo fue construida únicamente para atender a los habitantes de Durango.

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Réplica a escala de la Catedral de Durango, exhibida en el Museo del Aguacate, de la UJED | FOTO: Lorena Ríos

Durante siglos, detrás de sus muros estaba la sede de una autoridad religiosa cuya jurisdicción alcanzaba desde el occidente y norte de México hasta regiones que actualmente forman parte de Estados Unidos.

Desde ahí se organizó parte de la vida religiosa del enorme territorio de la Nueva Vizcaya, se formaron sacerdotes, se concentraron conocimientos y se articuló la actividad de una Iglesia que acompañó la expansión colonial hacia el norte.

Por eso, cuando alguien se para frente a la Catedral y observa sus torres, quizá está viendo mucho más que un monumento.

Está viendo uno de los edificios que mejor cuentan cómo Durango pasó de ser una villa fundada en el Valle de Guadiana a convertirse en uno de los grandes centros políticos, religiosos y culturales del septentrión novohispano.


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