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Corridos tumbados y tradicionales: crónicas de la migración, la frontera y la desigualdad que los medios no cuentan

Los corridos mexicanos, desde su forma clásica hasta la explosión contemporánea de los corridos tumbados, funcionan como una crónica viva y sin filtros de realidades sociales duras: la migración forzada, la vida en la frontera, el trabajo precario, la desigualdad económica y la búsqueda de movilidad social

Los corridos, del acordeón tradicional a los tumbados, narran la migración, la frontera y la desigualdad desde la voz de quienes las viven (Foto: IG @lostigresdelnorte / Canva)
Los corridos, del acordeón tradicional a los tumbados, narran la migración, la frontera y la desigualdad desde la voz de quienes las viven (Foto: IG @lostigresdelnorte / Canva)

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El corrido no es solo música: es periodismo oral, testimonio colectivo y resistencia cultural.

Desde los corridos revolucionarios del siglo XX hasta los corridos tumbados actuales, este género ha documentado aquello que los noticieros evitan o romantizan: el cruce peligroso de la frontera, la explotación laboral a ambos lados, la brecha entre ricos y pobres y el sueño, muchas veces frustrado de la movilidad social.

En un contexto donde los medios tradicionales suelen responder a intereses políticos o comerciales, los corridos llenan ese vacío con relatos directos, cantados por quienes viven esas realidades.

Artistas como Los Tigres del Norte, Chalino Sánchez, Natanael Cano, Peso Pluma o Fuerza Regida han convertido el acordeón, la guitarra y el bajo sexto en herramientas de memoria, denuncia y archivo social.

¿Cómo narran los corridos la migración y la vida en la frontera?

La frontera entre México y Estados Unidos ha sido un eje central del corrido durante más de un siglo.

En los corridos clásicos, intérpretes como Los Tigres del Norte o Los Cadetes de Linares retrataron el riesgo del cruce, la separación familiar, la deportación y el racismo del “otro lado”, con historias de ida y vuelta marcadas por la necesidad.

Con los narcocorridos y corridos bélicos, la migración aparece atravesada por la violencia, el control territorial y las economías ilegales que dominan regiones fronterizas.

En los corridos tumbados contemporáneos, artistas como Peso Pluma, Natanael Cano o Fuerza Regida presentan la frontera como una forma de vida: el sueño americano incompleto, el coyotaje caro y peligroso, la precariedad laboral y la identidad dividida de quienes existen entre dos países.

El corrido no juzga ni editorializa: registra. Expone el miedo al desierto, la humillación del cruce, la nostalgia por la familia y la esperanza —o resignación— de quien se va “pa’l norte” buscando sobrevivir.

¿Cómo reflejan los corridos la desigualdad, el trabajo precario y la movilidad social?

Desde sus orígenes, el corrido ha funcionado como un espejo de las brechas sociales en México. Las letras hablan del trabajo duro y mal pagado: jornaleros agrícolas, obreros de maquila, meseros explotados o migrantes que trabajan jornadas interminables sin garantías.

También muestran la desigualdad extrema mediante contrastes constantes, el narco ostentoso frente al pueblo empobrecido; el empresario exitoso frente al migrante que limpia casas o lava platos en Estados Unidos.

Una constante es la movilidad social frustrada, la promesa de “salir adelante” que choca con una realidad hostil, donde el ascenso económico resulta casi imposible.

A diferencia de los medios tradicionales, los corridos no dependen de líneas editoriales corporativas ni de anunciantes. Por eso pueden hablar sin rodeos de corrupción, impunidad, clasismo y racismo.

En ese sentido, el corrido, tradicional o tumbado, opera como una forma de prensa popular: crónicas cantadas que hacen visible lo que los noticieros ignoran, minimizan o maquillan.





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