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Natasha Dupeyrón explica lo que sintió al raparse como Cynthia Klitbo

Despojarse del cabello en su regreso a las telenovelas significó para Natasha Dupeyrón un paso hacia la madurez que tanto anhela

La actriz recreó una icónica escena de la televisión mexicana en el melodrama Los hilos del pasado. Foto: Agencias
La actriz recreó una icónica escena de la televisión mexicana en el melodrama Los hilos del pasado. Foto: Agencias

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Para Natasha Dupeyrón, Los hilos del pasado no es solo un proyecto más en su carrera: es la puerta hacia un reencuentro con su origen actoral, con la fábrica donde creció, con aquel lugar al que, como dice, regresa convertida en otra mujer.

El regreso actoral de Natasha Dupeyrón y su interpretación de Tamara

No es menor que hiciera su retorno 11 años después de su última telenovela, Qué pobres tan ricos, periodo en el que decidió enfocar su energía en el cine y en las historias que la retaban desde la pantalla grande.

Hoy, con 34 años, asume uno de los personajes más icónicos de los melodramas mexicanos: Tamara, la villana que en 1998 marcó a toda una generación gracias a la inolvidable interpretación de Cynthia Klitbo en El privilegio de amar.

Dupeyrón aparece de nuevo en el radar televisivo con una seguridad que, admite, no siempre tuvo. Pero Tamara llegó para moverle el piso, para obligarla a mirarse en un espejo emocional tan complejo que se convirtió en un viaje, a ratos incómodo, a ratos revelador.

“Creo que la violencia no se puede justificar, pero a mí gusta humanizar a mis personajes, los personajes que la gente odia”, explica, consciente de la expectativa que genera ocupar un rol tan amado, tan odiado, tan recordado.

En esta nueva versión, Tamara mantiene su esencia: una mujer elegante, caprichosa, obsesiva; un torbellino emocional que arrastra a quienes la rodean y que vive atrapada en sus propios abismos.

Para encarnarla, Natasha buscó un lugar más profundo que el mero arquetipo de la villana.

“Este es un personaje cruel, que manipula, entonces tenía que haber un por qué. Lo que yo encontré fue este desajuste en su salud mental, ya que es una mujer bipolar, tiene ansiedad, es narcisista y me funcionó llevarla por ahí. Es muy divertido, pero tiene sentido. Para mí no había otro camino”.

Ese camino la llevó incluso a someter a su cuerpo a un estrés calculado para comprender las emociones de Tamara. “Actoralmente crecí mucho, creo que las novelas son como clases de actuación una y otra vez”, cuenta.

Tamara me enseñó a llevar mi cuerpo a un estrés extremo como para provocarme ataques de ansiedad y también salir de ellos”. Y aunque habla con serenidad, el proceso fue tan intenso como transformador. Mucho se ha dicho de ese viaje de 11 años que la mantuvo lejos de la televisión.

“Estaba nerviosa de regresar, pero me recibieron muy bien. La verdad es que vi caras que hacía mucho no veía y ‘El Güero’ me cuidó muchísimo, por eso me quedé con un buen sabor de boca”.

Hay nostalgia en sus palabras, pero también gratitud: Televisa es un lugar que reconoce como parte de su biografía emocional.

“Regresé al lugar donde crecí, literal. Yo crecí en Televisa, pero me fui y regresé como otra persona, con más experiencia, más feliz, más madura y eso me ayudó bastante para sacar adelante este personaje”, comparte.

Uno de los reencuentros más significativos fue con Yadhira Carrillo, protagonista de esta nueva versión y figura crucial en la infancia actoral de Natasha.

“Imagínate lo que representó para mí trabajar con Yadhira Carrillo, ella me enseñó muchas cosas hace más de 20 años. Fue quien me enseñó a llorar mientras hacíamos la telenovela La otra. Cuando la veía aquí recordaba todo lo que me enseñó y en más de una ocasión se lo dije”.

La icónica escena del rapado y su significado en la nueva versión

Ese cruce de vidas, profesiones y memorias alimenta el tono íntimo y emocional que Dupeyrón imprime a Tamara. Ya no es la niña que aprendía a llorar frente a cámaras, sino una actriz que abraza su vulnerabilidad como herramienta de trabajo.

Pero si hay una imagen que ha marcado esta nueva versión, es el momento en que su personaje se rapa frente a cámara, una secuencia que exigió una entrega absoluta.

En 1998, Cynthia Klitbo quedó en la memoria colectiva gracias a esa escena que revelaba la fractura emocional de Tamara. Natasha replicó ese momento con un simbolismo personal inesperado.

“En nuestra cultura tener el pelo largo significa feminidad y cortarlo requiere de mucho valor, es reconectar con esta parte femenina si es que la quieres y la buscas”, reflexiona.

Cortarse el cabello no era un capricho de personaje; era un acto que la confrontaba con un temor propio. “En lo personal, Tamara me vino a reafirmar que nunca sabes lo que las otras personas están viviendo y creo que es muy importante tener ese respeto

Por otro lado, me enseñó a perder el miedo, cortarme el pelo me daba mucho miedo y estoy satisfecha con lo que se logró. Diría que fue algo muy intenso y a la vez divertido”.

La secuencia, filmada en Milán, Italia, terminó por convertirse en una especie de ritual: de despedida, de valentía, de renacimiento. Y para una actriz que hace una década eligió alejarse de los melodramas, esa imagen simboliza su regreso más poderoso.

Detrás de cámaras, Natasha encontró un espacio amable, casi familiar, donde el peso del personaje se aligeraba gracias a sus compañeros.

“En las grabaciones la pasamos muy bien, fue hermoso poder compartir con mis compañeros, aprenderles. Los admiro y los quiero mucho”. En sus palabras se asoma una actriz que ha aprendido a valorar la vida en equipo, esa que sostiene los procesos más desgastantes.

Porque Tamara no es solo un rol; es un desafío emocional que exige honestidad y una entrega absoluta. Y Natasha lo asumió con la convicción de quien regresa a un territorio conocido, pero lo mira con ojos nuevos.

“¿Por qué no volver a contarlas a un público diferente?, yo creo que es una increíble idea…”, dijo también, defendiendo la decisión de rescatar historias que ya forman parte del ADN sentimental del público mexicano.

La icónica escena

En 1999, Cynthia Klitbo impactó al público al raparse frente a cámara en El privilegio de amar, un momento que se convirtió en uno de los más recordados de las telenovelas mexicanas. El acto simbolizaba el derrumbe emocional de Tamara, la villana que interpretaba.

En esta nueva versión, Natasha Dupeyrón replicó la escena, grabada en Milán, Italia, como parte esencial del arco emocional de su personaje. Con ello rindió homenaje a la fuerza interpretativa de Klitbo y, al mismo tiempo, vivió un proceso personal que, como ella misma confiesa, la llevó a “perder el miedo”.

Sobre su relación con Klitbo, quien interpretó a su madre en la telenovela Peregrina, Nastasha comentó:

“Le mandé un mensajito de ‘qué honor, qué felicidad, espero te guste mi trabajo'; y luego El Güero (el productor) me dijo que eso en realidad no está escrito en el guion original, que es algo que Cynthia pidió e hizo y fue su aportación al personaje y a su historia”.

Lo que le dejó Los hilos del pasado a Natasha Dupeyrón

  • VALENTÍA La artista levantó la mano para recrear una secuencia que a finales de los 90 marcó a una generación.
  • MADUREZ A sus 34 años se siente plena y satisfecha con todos los procesos que ha atravesado.
  • INSPIRACIÓN Yadhira Carrillo ha sido una inspiración desde que interpretó a su madre en el gran éxito de 2002: La otra.


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