Tarjetas Pokémon cotizadas hasta en 16.5 millones de dólares provocan ola de robos y asaltos
El auge de las tarjetas de Pokémon ha alcanzado cifras récord, con piezas como la Pikachu Illustrator que Logan Paul revendió por 16.5 millones de dólares. La fiebre especulativa ha detonado robos violentos en tiendas de California y Nueva York, convirtiendo el hobby en un negocio de alto riesgo
Un joven acude disfrazado de Pikachu a recibir la vacuna contra el COVID-19 en 2021, reflejando el lado más nostálgico y cultural del fenómeno Pokémon (Foto: IG @psacardtcg, @psacard / Canva)
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Lo que comenzó como un juego infantil en los años 90 hoy es un mercado multimillonario de inversión y especulación. Las tarjetas raras en estado impecable, certificadas por empresas como Professional Sports Authenticator (PSA) o Beckett Grading Services en una escala del 1 al 10, alcanzan precios astronómicos.
Un ejemplo es la Pikachu Illustrator PSA 10:
Logan Paul la compró por 5.3 millones de dólares y posteriormente la revendió por 16.5 millones, incluso luciéndola como collar en eventos y videos.
Este incremento exponencial de valor no solo ha atraído a inversionistas y coleccionistas, sino también a delincuentes que ven en las tiendas especializadas objetivos relativamente vulnerables y altamente lucrativos.
En el sur de California, considerado uno de los epicentros del fenómeno, los robos violentos se han multiplicado en los últimos meses, generando pérdidas millonarias y un creciente temor entre comerciantes y clientes.
El valor depende de la rareza, la edición, el estado de conservación y la certificación profesional. Las cartas calificadas con grado 10, estado prácticamente perfecto, pueden multiplicar su precio exponencialmente, especialmente si se trata de primeras ediciones o ilustraciones exclusivas.
La Pikachu Illustrator, por ejemplo, es considerada una de las cartas más raras del mundo. Al existir muy pocas copias certificadas en grado perfecto, su valor se disparó hasta niveles comparables con obras de arte o piezas históricas de colección.
Adam Corn, propietario de Overdose Gaming Inc., sostiene que “Pokémon casi siempre se revaloriza con el tiempo. Es un excelente lugar para invertir, mejor que muchos otros activos”. Esta percepción ha reforzado la idea de que las cartas son más que un juego: son instrumentos financieros.
En redes sociales no solo se habla de los aspectos negativos; también se recuerdan momentos que reflejan el lado más lúdico y cultural del fenómeno Pokémon.
¿Cuáles son los robos recientes que han alarmado a la comunidad?
En febrero de 2026, ladrones sustrajeron más de 80 mil dólares en tarjetas de la tienda Do-We Collectibles, en Anaheim. Fue la segunda vez que el establecimiento sufrió un asalto.
También se han reportado casos en Los Ángeles y Nueva York que incluyen robos a mano armada, entradas forzadas y pérdidas que alcanzan cientos de miles de dólares en inventario.
Duy Pham, propietario de Do-We Collectibles, advirtió que “el incentivo financiero para ladrones y revendedores significa que el pasatiempo nunca volverá a ser el mismo”.
¿Cómo pasó el coleccionismo de Pokémon de la nostalgia millonaria a convertirse en blanco de la delincuencia?
El explosivo aumento en el valor de las cartas ha generado un mercado paralelo de alto riesgo: tiendas y coleccionistas almacenan inventarios valuados en miles o millones de dólares, mientras delincuentes saben que una sola carta rara puede representar una ganancia inmediata considerable.
Ante esta situación, la comunidad ha comenzado a invertir en mayores medidas de seguridad: cámaras reforzadas, vitrinas blindadas, seguros especializados y sistemas de monitoreo.
En redes sociales, el debate está dividido. Algunos consideran que los robos son una consecuencia previsible del boom especulativo; otros lamentan que la esencia original del juego, intercambiar, competir y compartir, haya quedado desplazada por la lógica de inversión y reventa.
Lo que queda claro es que el fenómeno Pokémon ya no es solo nostalgia, sino un negocio multimillonario que también ha abierto la puerta a nuevos riesgos.
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