Así era Lecumberri: la prisión que mandó construir Porfirio Díaz y de la que algunos lograron escapar
Construida durante el gobierno de Porfirio Díaz, la Penitenciaría de Lecumberri uno de los recintos más emblemáticos de México.
Lecumberri fue inaugurada durante el Porfiriato y durante décadas funcionó como una de las prisiones más importantes de México. Foto: X@cronicabanqueta
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Durante décadas, el Palacio de Lecumberri, una antigua penitenciaría en la Ciudad de México, fue uno de los lugares más temidos del país. Concebida como una cárcel moderna y segura durante el gobierno de Porfirio Díaz, con el tiempo se asoció con historias de hacinamiento, violencia, corrupción, torturas y fugas.
Conocido popularmente como el Palacio Negro de Lecumberri, el inmueble abrió sus puertas el 29 de septiembre de 1900 y funcionó como prisión hasta 1976. Su diseño arquitectónico único, con una torre central para facilitar la vigilancia de los internos, se basaba en un modelo similar al panóptico.
¿Por qué Porfirio Díaz mandó construir el Palacio de Lecumberri?
A finales del siglo XIX, surgió la intención de modernizar el sistema penitenciario de la Ciudad de México. El proyecto de Lecumberri comenzó a concretarse durante el Porfiriato, y la penitenciaría fue finalmente inaugurada en 1900.
"Lecumberri, una prisión que se convirtió en aparato de espionaje. Una cárcel que dejó de ser cárcel para convertirse en el Archivo del Estado mexicano". Emiliano Cassigoli entrelaza memoria colectiva, la historia familiar, archivos y preguntas sobre un pasado que no puede… pic.twitter.com/o7xspYR3K9
Su diseño se centraba en la vigilancia eficiente de los internos. Desde una torre central, se podía observar gran parte de las instalaciones, mientras que las celdas se distribuían estratégicamente alrededor de las crujías, permitiendo un control constante sobre los prisioneros.
En sus primeros años, Lecumberri fue presentada como una de las prisiones más modernas y seguras de América Latina. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta imagen se fue deteriorando.
¿Cómo terminó Lecumberri convertido en el temido “Palacio Negro”?
Con el tiempo, Lecumberri pasó de ser una prisión con una reputación positiva a una con una imagen muy distinta debido al deterioro de sus condiciones.
La sobrepoblación se convirtió en un problema grave. Aunque originalmente se diseñó para albergar a un número limitado de internos, la población carcelaria aumentó considerablemente con los años. Para cuando dejó de funcionar como cárcel, se estima que alrededor de 3 mil 500 personas permanecían recluidas en el inmueble.
Antes de El Chapo, otro narcotraficante logró uno de los escapes más escándalos cavando un túnel en la prisión de Lecumberri y comprando militares y custodios.
A esto se sumaron denuncias y relatos de corrupción, tráfico de drogas, mercado negro, abusos y condiciones que deterioraron la vida diaria de los presos. El nombre de Palacio Negro se asoció tanto con la apariencia del inmueble como con las historias oscuras que ocurrieron entre sus muros.
Lecumberri también quedó ligado a episodios clave de la historia nacional. Durante la Decena Trágica, Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron trasladados a Lecumberri antes de ser asesinados en 1913.
¿Quiénes lograron escapar de la prisión de Lecumberri?
A pesar de ser una penitenciaría diseñada específicamente para evitar fugas, algunos internos lograron burlar sus sistemas de seguridad.
Entre los escapes más célebres se encuentra el de Alberto Sicilia Falcón, quien escapó a través de un túnel que conectaba con las cercanías de la avenida Héroe de Nacozari. Otro caso notable ocurrió en diciembre de 1975, cuando el estadounidense Dwight Worker escapó disfrazado de mujer con la ayuda de su esposa.
¿Sabías que esta cárcel no fue diseñada solo para encerrar cuerpos… sino para quebrar mentes?
El Palacio Negro de Lecumberri funcionó como prisión desde 1900 hasta 1976, y durante gran parte del siglo XX fue uno de los centros de reclusión más temidos de México.
Las fugas y el deterioro general del penal contribuyeron a su clausura. El 27 de agosto de 1976, Lecumberri dejó de funcionar como prisión y sus internos fueron trasladados a otras cárceles.
Hoy, el Palacio de Lecumberri sigue siendo uno de los edificios históricos más reconocibles de la capital: un lugar que pasó de ser una prisión considerada moderna a convertirse en símbolo de los excesos del sistema penitenciario de su época y, posteriormente, en un recinto dedicado a conservar la memoria nacional.