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De acuerdo con indagatorias federales, desde inicios de la década de 2010 los grupos del crimen organizado en México comenzaron a migrar la producción de sustancias ilícitas, pasando de los cultivos tradicionales a las drogas sintéticas.
Este dato guarda correlación con hallazgos de estudios sanitarios sobre el consumo de estupefacientes en el país, los cuales señalan que, en la actualidad, las sustancias sintéticas se han convertido en la principal causa de ingreso a tratamientos por adicciónen consumidores.
La llegada de la marihuana y el opio a México
El cultivo y tráfico de marihuana y opio tienen una larga historia en el país, la cual se remonta, al menos, a la época de la Nueva España.
Por un lado, la marihuana fue introducida por los colonizadores españoles, quienes en la península ibérica conocían tanto sus aplicaciones textiles como medicinales. Inicialmente destinada a la producción de fibras y cordelería, los conquistadores la trajeron al territorio que más tarde se consolidaría como México.
Portada del Tratado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales de Cristóbal Acosta. Captura de pantalla: https://bibdigital.rjb.csic.es
Por su parte, el uso de la amapola, conocida también como adormidera, estaba documentado por la comunidad médica española, tal como lo refleja el Tratado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales, publicado en 1578 por el botánico y médico Cristóbal Acosta, obra que incluye un estudio sobre los efectos de 69 especies de plantas.
Bajo la denominación de “Indias Orientales”, que entre los siglos XVI y XIX designaba a la región del sur y sudeste de Asia, Acosta identificó el opio y lo describió como una planta medicinal.
Sobre esto último, el libro Viajes de orden suprema, del escritor y político mexicano Guillermo Prieto, en el cual describe sus trayectos por Querétaro y Oaxaca, documenta cómo una comunidad indígena de San Juan del Río fumaba esta planta para entrar en trance y augurar si el matrimonio entre dos jóvenes debía concretarse.
Del consumo a la criminalización del opio y la marihuana
Varios factores contribuyeron a la criminalización de ambas sustancias en México. Por un lado, a finales del siglo XIX, el país recibió un flujo constante de inmigrantes procedentes de China, quienes popularizaron la costumbre de fumar opio.
Grabado en cobre a punteado coloreado a mano por Lambert Junior a partir de un dibujo de Pierre Jean-François Turpin. Foto: https://www.meisterdrucke.es
Esta práctica derivó en un estigma social hacia la sustancia que, sumado a la campaña antichina de la época, generó un clima adverso a su consumo en distintas regiones del país.
A esto se sumó el hecho de que las autoridades mexicanas de principios del siglo XX ya conocían los riesgos asociados a su consumo excesivo o adulterado, puesto que el opio podía adquirirse libremente en farmacias como remedio para niños y adultos.
Por otro lado, el uso recreativo del cannabis era popular en México a comienzos del siglo XX, especialmente entre los sectores marginados, lo cual quedó documentado en corridos populares como “La Cucaracha”. Pese a su arraigo, diversos cambios legislativos transformaron el panorama legal para ambas plantas.
México se adhirió a la Convención Internacional del Opio celebrada en La Haya en enero de 1912, acuerdo que entró en vigor en enero de 1916 para prohibir la importación y el tráfico de opio destinado a usos no medicinales. La medida fue decretada por Venustiano Carranza ante la presión del Gobierno estadounidense para formalizar los compromisos internacionales.
Más tarde, en 1920, el mismo gobierno de Carranza publicó un decreto para prohibir el comercio, cultivo y consumo recreativo de la marihuana, catalogándola como un vicio que “degeneraba la raza”.
El punto culminante hacia la criminalización definitiva llegó con la promulgación del Código Penal Federal de 1929, mediante la figura de “drogas enervantes” o “planta prohibida”, un catálogo que, desde el Código Sanitario de 1926, incluía al opio, la morfina, la cocaína, la heroína y la marihuana.
El auge de la cocaína y el inicio de los cárteles en México
A pesar de estas leyes, esto no impidió que desde la clandestinidad se siguiera cultivando, comerciando y consumiendo ambas plantas. Fue así como, hacia la década de 1970, se intensificó el cultivo y tráfico de marihuana y opio, especialmente en el norte del país, según los registros de las autoridades mexicanas.
Desde mitad de la década de 1970 se dio el fenómeno conocido como "auge de la cocaína". Foto: Canva
Sin embargo, la demanda de estupefacientes en Estados Unidos transformó el panorama, sobre todo ante la pérdida de popularidad del LSD y el auge que la cocaína comenzó a tener en la industria del entretenimiento estadounidense, entre músicos y actores de Hollywood.
Este fenómeno fue documentado por la revista "Time", que en una de sus ediciones de 1974 la catalogó como “el champán de las drogas”, tanto por su rareza y elevado costo como por su exclusividad social.
De este modo se gestó el fenómeno conocido como el “auge de la cocaína”, a mediados de los años setenta. Esta creciente demanda fue abastecida por los cárteles colombianos, encabezados por las organizaciones de Cali y Medellín, los cuales resultaron fundamentales en la expansión internacional del negocio durante los años ochenta.
Ante esta coyuntura, el Cártel de Guadalajara, fundado a finales de la década de 1970 por Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, incursionó en este mercado, expandiendo sus operaciones de marihuana y opio hacia la distribución de cocaína.
Siendo una organización sin precedentes en México, la estructura diversificó su modelo mediante alianzas estratégicas con los grupos colombianos. Para concretar esta red, Félix Gallardo estableció nexos con el Cártel de Cali y el Cártel de Medellín, este último a través del narcotraficante hondureño Juan Matta Ballesteros, quien fungió como enlace con la cúpula liderada por Pablo Escobar.
La alianza resultó ventajosa para las mafias colombianas, a las que se les dificultaba cada vez más el envío directo de vuelos con cocaína hacia Miami. Ante ese bloqueo, Félix Gallardo les ofreció una ruta alternativa: transportar la droga a través de territorio mexicano hacia Estados Unidos.
A partir de este esquema, diversos grupos criminales emergieron en México replicando el modelo de negocio establecido por el Cártel de Guadalajara.
De las drogas tradicionales a las drogas sintéticas en México
Para finales de la década de 2000, según un informe presentado en marzo de 2022 por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en la conferencia matutina del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, las autoridades detectaron un incremento en el establecimiento de laboratorios clandestinos para la elaboración de drogas sintéticas.
El documento precisó que este repunte inició en 2009, teniendo a la metanfetamina como la principal sustancia producida. No obstante, un segundo viraje se produjo en los años posteriores a raíz de la legalización del consumo recreativo de marihuana en varios estados de Estados Unidos.
Laboratorio clandestino inhabilitado en Sinaloa en mayo de 2026 por autoridades federales. Foto: X (@GabSeguridadMX)
Ya en 2012, las autoridades mexicanas registraron una caída sostenida en el cultivo de cannabis, lo que impulsó a múltiples organizaciones delictivas a migrar hacia la producción de drogas sintéticas.
A pesar de este cambio de tendencia, en México ninguna de estas dos plantas (marihuana y amapola) se ha dejado de cultivar, aunque la reorientación del mercado fue evidente en las cifras presentadas por el Gobierno federal.
Para dimensionar esta transformación, el informe de marzo de 2022 detalló los volúmenes de enervantes asegurados entre sustancias sintéticas y tradicionales, evidenciando el claro predominio de las primeras. De acuerdo con los registros de decomisos realizados entre diciembre de 2018 y marzo de 2022, los resultados arrojaron lo siguiente:
Drogas tradicionales:
Marihuana: 604 343 kg y 6 997 hectáreas erradicadas
Goma de opio: 1 154 kg y 41 675 hectáreas de amapola erradicadas
Heroína: 1 460 kg
Cocaína: 73 834 kg
Drogas sintéticas
Metanfetamina: 143 400 kg
Fentanilo: 4 356 kg
El fentanilo y las incautaciones de drogas sintéticas actualmente
En los últimos años, el Gobierno estadounidense ha señalado a las organizaciones criminales mexicanas como las principales responsables de la crisis por consumo de fentanilo en su territorio.
Laboratorio desmantelado en Zapopan, Jalisco, en enero de 2026, donde se producía metanfetaminas y en halló un kilogramo de fentanilo. Foto: X (@GabSeguridadMX)
Ante este escenario, la administración de Donald Trump, iniciada en enero de 2025, ha impulsado severas medidas contra estos grupos, entre las que destaca su clasificación como “Organizaciones Terroristas Extranjeras” en febrero de 2025 y la declaración del fentanilo como arma de destrucción masiva en diciembre de ese mismo año.
En este contexto, durante el informe de seguridad del pasado 8 de septiembre, con corte al mes de agosto, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, destacó que, desde el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum en octubre de 2024, las autoridades han inhabilitado 2771laboratorios clandestinos de metanfetamina en 24 estados del país.
De igual forma, el funcionario reportó la desarticulación de centros de producción industrial y el aseguramiento de más de 3 millones de litros y 900 toneladas de precursores químicos.
Asimismo, aseveró que en la presente administración federal se han incautado 2 toneladas de fentanilo puro en polvo, 9.5 millones de pastillas de esta misma sustancia, 534 toneladas de diversas drogas en operativos terrestres y 88 toneladas de cocaína en interceptaciones marítimas.
A este panorama, habría que agregar el Informe SISVEA 2024 publicado este 2026, que confirma un marcado incremento en el consumo de metanfetaminas en México durante la presente década.
Basado en 119 439 registros de casi 2000 centros de tratamiento no gubernamentales durante 2024, revela que los Estimulantes de Tipo Anfetamínico (ETA), predominantemente el cristal, han ganado terreno aceleradamente frente a otras sustancias.
El estudio advierte que los ETA se han consolidado como una "droga de inicio" en constante crecimiento. Aunque el alcohol y el tabaco se mantienen a la cabeza histórica en este renglón desde 1994, las anfetaminas pasaron al cuarto sitio en 2017 tras desplazar a los inhalables.
Gráfica sobre las tendencia de las principales Drogas de Impacto reportadas por población usuaria. Centros de Tratamiento y Rehabilitación No Gubernamentales México, 1994-2024. Captura de pantalla: SISVEA 2024
La proporción de usuarios que señalan a los ETA como su primera sustancia de consumo ha registrado una subida ininterrumpida a partir de la década de 2020, al escalar desde un 8.8% en 2021 hasta alcanzar un 10.1% en 2024.
El impacto más severo de esta problemática se refleja en la categoría de "Droga de Impacto", que abarca las sustancias que motivan la búsqueda de tratamiento médico o rehabilitación.
Tras haber estado liderado por la heroína y la cocaína en los años noventa y por el alcohol en 2005, este indicador es encabezado de forma contundente por los ETA desde 2017.
Los datos del SISVEA muestran un incremento en la demanda de atención por cristal y anfetaminas, pasando del 47.5% en 2020 a consolidarse cerca del 60% en 2024 (59.6%), ubicándose por encima del alcohol, la marihuana y la cocaína.