¡El Niño enciende las alertas! UNAM explica por qué preocupa que no lleguen huracanes al Atlántico
El Niño ha limitado los huracanes en el Atlántico durante 2026, pero la UNAM advierte que su ausencia prolongada también tiene efectos.
La tranquilidad en el Atlántico parece una buena noticia, pero detrás de la falta de huracanes existe un efecto ambiental poco visible. (FOTO: Magnific/ FreePik)
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La temporada de ciclones tropicales de 2026 presenta un marcado contraste entre las dos principales cuencas que rodean a México. Mientras el Pacífico ha registrado una intensa actividad, el Atlánticose ha mantenido notablemente más tranquilo.
El fenómeno de El Niño está entre los factores que ayudan a explicar este comportamiento. La combinación de distintas condiciones atmosféricas ha dificultado que las tormentas del Atlántico consigan organizarse e intensificarse hasta alcanzar la categoría de huracán.
La ausencia de grandes ciclones puede parecer favorable por la reducción del riesgo inmediato para las poblaciones costeras. Sin embargo, especialistas de la UNAM advierten que estos fenómenos también cumplen funciones importantes en el ciclo del agua y en distintos ecosistemas.
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Una de sus consecuencias es favorecer la cizalladura vertical del viento, es decir, cambios en la velocidad o dirección de los vientos conforme aumenta la altura. Estas condiciones pueden impedir que una tormenta mantenga organizada su estructura y consiga fortalecerse.
Aunque las temperaturas del océano sean suficientemente elevadas, una atmósfera desfavorable puede evitar que los sistemas evolucionen hasta convertirse en ciclones de mayor intensidad. Su influencia también puede limitar el desarrollo ciclónico en regiones como el Golfo de México y el Caribe.
¿Por qué también preocupa que haya menos huracanes?
Los huracanes y las tormentas tropicales pueden provocar graves daños cuando afectan zonas pobladas, pero también forman parte de procesos naturales fundamentales.
Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, explicó que las grandes cantidades de lluvia generadas por estos sistemas permiten recargar ríos, lagos, presas y acuíferos.
Además, los ciclones pueden transportar humedad hacia regiones que atraviesan periodos de sequía. Incluso existen zonas donde las precipitaciones asociadas con la temporada ciclónica representan una parte importante de sus acumulados anuales.
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¿Qué función tienen los huracanes dentro del ecosistema?
Los ciclones también participan en el transporte de calor y humedad desde las regiones tropicales hacia latitudes mayores. Al liberar grandes cantidades de energía, ayudan a redistribuir el calor acumulado en el océano y contribuyen al intercambio de energía entre el mar y la atmósfera.
Sus efectos también alcanzan los ecosistemas costeros. Los vientos, el oleaje y las mareas pueden redistribuir sedimentos y nutrientes, modificar las condiciones de los humedales y favorecer procesos naturales de renovación.
Esto no elimina la capacidad destructiva de un huracán ni los riesgos que representa para las comunidades. Sin embargo, permite entender por qué una ausencia prolongada de ciclones tampoco debe considerarse automáticamente como una situación completamente positiva.
Hasta el cierre de septiembre se habían desarrollado 25 ciclones con nombre: 17 en el océano Pacífico y ocho tormentas tropicales en el Atlántico. Ninguno de los sistemas registrados en esta última cuenca había alcanzado hasta ese corte la categoría de huracán.
"Lo peor no llegó"
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Septiembre también dejó un registro destacado. Durante el mes se contabilizaron 13 ciclones tropicales con nombre entre ambas cuencas, cifra que igualó a 2019 y 2020 como los septiembres con mayor actividad.
El contraste muestra una de las caras menos conocidas de El Niño. Mientras su influencia atmosférica puede dificultar la formación y fortalecimiento de huracanes en el Atlántico, los ciclones siguen siendo parte importante del ciclo natural del agua, el transporte de energía y el funcionamiento de los ecosistemas.