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Aunque el decomiso de estupefacientes y las capturas de capos acaparan los titulares de la agenda de seguridad, el sostén financiero de las principales organizaciones criminales en México ha dejado de depender en exclusiva del narcotráfico.
Tal hecho ha sido demostrado por organizaciones criminales de gran poderío en el país, tales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Sinaloa o el Cártel del Golfo, que han creado una red de ingresos que extiende sus ganancias y profundiza el impacto social de la violencia en el país.
El huachicol y el huachicol fiscal
El abanico de operaciones abarca desde la extorsión, el cobro de piso y el tráfico de armas hasta la prostitución y el blanqueo de capitales, actividades identificadas tanto por organismos internacionales y agencias de inteligencia como por autoridades mexicanas.
En ese sentido, uno de los esquemas criminales que mayor atención ha captado en los últimos años es el robo de hidrocarburos a Petróleos Mexicanos (Pemex). Esta actividad evolucionó de la ordeña local de ductos a un complejo entramado de contrabando internacional, conocido popularmente como "huachicol fiscal".
El robo de petróleo se ha vuelto una actividad delictiva con un alto grado lucrativo. Foto: Canva
Al respecto, la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha catalogado el robo y tráfico de combustible como una de las fuentes de financiamiento más lucrativas para las organizaciones delictivas, al tratarse de una red que involucra logística empresarial y la complicidad de agentes aduanales.
El modelo opera mediante la perforación ilegal de ductos, el robo directo en refinerías o la cooptación de personal operativo. Posteriormente, el crudo se transporta en pipas hacia la frontera norte amparado con documentación falsa para eludir los controles fiscales y aduaneros, para finalmente comercializarse en refinerías y empresas energéticas legítimas de Estados Unidos o mercados internacionales.
Migración indocumentada y el negocio del tránsito migratorio
Otra actividad que se ha consolidado como un lucrativo ingreso es el tráfico de migrantes, el cual evolucionó del esquema de "polleros" o facilitadores independientes a redes cuya operación fue absorbida por los grandes cárteles.
En el control de estos corredores se ha detectado la presencia de grupos como "Los Chapitos”, facción del Cártel de Sinaloa, y el Cártel del Golfo. Estas estructuras dominan las rutas estratégicas y gestionan el flujo de personas mediante la imposición de cuotas obligatorias.
Esta dinámica ha encarecido el costo del tránsito irregular y elevado de forma drástica los niveles de riesgo en las rutas migratorias.
Varios grupos del crímen organizado mantienen control sobre las rutas de migración indocumentada a lo largo de la frontera. Foto: Canva
En este contexto, las personas que no cubren las exacciones económicas quedan expuestas a secuestros, trabajo forzado o agresiones físicas; un escenario que impacta de manera desproporcionada a las mujeres, quienes resultan especialmente vulnerables ante las redes de trata y la violencia sexual.
El comercio ilegal de especies amenazadas constituye otro frente de financiamiento clave. Al respecto, reportes de la Administración de Control de Drogas (DEA) señalan que el Cártel de Sinaloa utiliza sus canales de suministro con proveedores de insumos químicos en China para operar, de manera simultánea, el tráfico de la vejiga natatoria de la totoaba, pez en peligro de extinción endémico del Golfo de California.
Debido a que este recurso es altamente cotizado en el mercado asiático por sus presuntas propiedades gastronómicas y de medicina tradicional, su tráfico genera considerables ingresos ilícitos.
A la par, esta actividad acelera la pérdida de biodiversidad marina en la región, al arrastrar al borde de la desaparición a otras especies amenazadas como la vaquita marina, que muere atrapada en las redes de pesca ilegal.
En este mismo marco de depredación ambiental, el crimen organizado ha expandido su dominio hacia áreas rurales, zonas estratégicas utilizadas con frecuencia para establecer refugios o rutas de trasiego.
Dentro de sus actividades en las que suelen dominar áreas rurales, los grupos del crimen organizado también han extendido su actividad criminal a la tala ilegal. Foto: Canva
En la Meseta Purépecha, Michoacán, por ejemplo, facciones armadas han desplazado a comunidades enteras para apoderarse de la explotación forestal y sustituir la flora nativa por huertas ilegales de aguacate. Dinámicas similares se registran en zonas indígenas de Chiapas y Oaxaca, donde la escasa presencia de las fuerzas de seguridad facilita el despojo de los bosques, la deforestación y los ataques directos contra defensores del medio ambiente.