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Nuevo León

Detrás del cristal: el hotel del Centro que resguarda historias del pasado

Aunque muchos transeúntes pasan, pasan de largo, y uno o dos solo ven de reojo, vale la pena detenerse a observar el Hotel del Centro.


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En la calle Zaragoza, a unas cuadras del Palacio de Gobierno, hay un hotel que no solo hospeda viajeros. Resguarda memoria.

El Hotel del Centro guarda, detrás de grandes cristales, un tesoro silencioso que pocos se detienen a observar.

Detrás del Cristal y acomodados sobre grandes estructuras, se asoma otro tiempo: máquinas de coser que confeccionaron vestidos con paciencia artesanal, máquinas de escribir que narraron historias antes de las pantallas, registradoras que marcaron ventas en monedas ya fuera de circulación.

¿Qué más podemos encontrar en esos espacios?

No es un museo, pero pareciera al albergar artículos que algunos datan desde inicios del siglo pasado, tal vez unos son de años anteriores.

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Hay abanicos antiguos, tocadiscos, radios, grabadoras de cassette, primeras computadoras, televisores de perillas gruesas y teléfonos de disco, de esos que obligaban a girar número por número y esperar el regreso pausado del mecanismo.

  • También hay pianos. Cada uno con el peso elegante de los años.
  • Pero hay un punto que atrapa particularmente la mirada.
  • Sobre uno de esos pianos antiguos se ubica también la pintura de una mujer de mirada firme, cejas marcadas y presencia imponente.

El parecido con María Félix es inevitable. Tan inevitable que, según comenta la persona que atiende el hotel, quien prefirió no dar entrevista, constantemente llegan personas preguntando si se trata de “La Doña”, respuesta que queda en la duda porque no lo sabe.

El piano que sostiene el retrato también guarda su propia historia. Su madera oscura, ligeramente desgastada, parece haber acompañado melodías de otro siglo. Sobre él, además del cuadro, descansan objetos que completan la escena, como si el tiempo hubiera decidido congelarse justo ahí. 

¿Qué se dice del dueño del hotel?

El propietario del hotel, convertido con los años en coleccionista, decidió colocar muchas de sus piezas en exhibición para que cualquiera que pase tenga la oportunidad de mirar.

Con el tiempo, personas comenzaron a llevar objetos antiguos que ya no tenían uso en casa. Aquí, en lugar de quedar guardados en una bodega, encuentran una segunda vida: ser observados.

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¿Qué tanto llama la atención este lugar, más que el propio hotel?

De cada diez personas que caminan por Zaragoza, quizá una frena el paso. Mira. Se acerca al cristal. Observa el retrato, las máquinas, los teléfonos. Tal vez recuerda a su abuela cosiendo, a su padre escribiendo en una olivetti, o el sonido metálico del teléfono al marcar.

En una época donde todo se actualiza y se reemplaza con rapidez, este rincón del Centro conserva aquello que alguna vez fue cotidiano y hoy parece extraordinario.

El Hotel del Centro no anuncia su tesoro con grandes letreros. Está ahí, discreto, detrás de un cristal. Esperando que alguien se detenga. Y que, por un momento, se permita volver al pasado, mientras que para las nuevas generaciones les dé la oportunidad de conocer esas piezas aunque no sepan cuál era su utilidad.

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