Nuevo León

Tres mujeres, una misma lucha: las historias que dan rostro al esfuerzo en el Centro de Monterrey

Cada fin de semana, mientras miles de personas recorren el Centro de Monterrey, tres mujeres de entre 55 y 57 años buscan salir adelante de distintas maneras. Una conserva las tradiciones con sus manos, otra vende artesanías lejos de su tierra y una más espera la solidaridad de quienes pasan frente a ella. Sus historias recuerdan que detrás de cada rostro hay una vida marcada por el esfuerzo.


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Los sábados, la avenida Juárez, en el Centro de Monterrey, se llena de vendedores, familias y visitantes.

Entre el ruido y las prisas, hay historias que pocas personas alcanzan a mirar.

Son las historias de tres mujeres que, aunque no se conocen entre sí, comparten algo en común: todos los días enfrentan la vida con dignidad y esperanza.

La primera es Teresa Sixto Andrés, de 56 años, originaria de Santiago de Querétaro. Sentada sobre la banqueta, confecciona a mano pequeñas muñecas mexicanas que le toman hasta cinco horas elaborar. Cada una cuesta apenas 50 pesos, un precio que difícilmente refleja el tiempo, la paciencia y el talento que hay detrás de cada puntada.

Foto: Rosy Sandoval.

Foto: Rosy Sandoval.

La segunda historia es la de una mujer que permanece en una silla de ruedas a las afueras de la Basílica del Roble.

Con movilidad y visión limitadas, espera la ayuda de quienes pasan por el lugar. Su realidad es distinta: mientras otras personas pueden ofrecer un producto o un oficio, ella depende de la solidaridad de los transeúntes para poder salir adelante.

Foto: Rosy Sandoval.

Foto: Rosy Sandoval.

La tercera protagonista es Mayra, una artesana de 57 años originaria de Chihuahua. Llegó a Monterrey buscando una oportunidad y hoy elabora delicadas figuras decorativas para cuneros y cunas de bebé, todas hechas a mano.

Foto: Rosy Sandoval.

Foto: Rosy Sandoval.

¿Cuánto vale el trabajo de unas manos que crean con paciencia?

Teresa transforma tela, hilo y creatividad en pequeñas muñecas mexicanas que conservan una de las tradiciones más representativas del país. Mayra hace lo propio con figuras artesanales que requieren dedicación y precisión.

Las dos trabajan durante horas para vender unas cuantas piezas y llevar el sustento a casa.

Sin embargo, muchas veces los compradores solo observan el precio y no el tiempo, el esfuerzo ni la historia que hay detrás de cada creación.

Foto: Rosy Sandoval.

Foto: Rosy Sandoval.

¿Qué ocurre cuando la vida ya no permite trabajar?

No todas las historias tienen las mismas oportunidades.

Mientras Teresa y Mayra pueden seguir elaborando artesanías, la mujer que permanece en silla de ruedas enfrenta una realidad mucho más complicada. Con dificultades para desplazarse y problemas de visión, pasa largas horas esperando el apoyo de personas que, en ocasiones, ni siquiera la miran.

Su presencia recuerda que la necesidad también tiene muchos rostros.

Foto: Rosy Sandoval.

Foto: Rosy Sandoval.

¿Cuántas historias dejamos pasar sin detenernos a conocerlas?

Cada sábado, cientos o miles de personas recorren la avenida Juárez. Algunas caminan con prisa; otras simplemente siguen su camino.

Pero entre la multitud permanecen mujeres como Teresa, la señora de la silla de ruedas y Mayra, quienes, desde distintas circunstancias, salen a enfrentar el día con la esperanza de regresar a casa con un poco más de lo que tenían al amanecer.

Más allá de una muñeca, una figura artesanal o una moneda de apoyo, ellas representan el esfuerzo silencioso de quienes luchan por salir adelante sin perder la dignidad.

Porque, a veces, el acto más sencillo no es comprar o dar una ayuda económica; es detenerse unos minutos, mirar a la persona que está frente a nosotros y reconocer que detrás de cada puesto, de cada artesanía y de cada silla de ruedas, existe una historia que merece ser contada.


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