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Bajo el clima frío de 5 grados, hombres y mujeres de la tercera edad aguardaban su turno para cobrar la pensión del Bienestar en el Palacio Federal. La espera era larga, hasta que la música llegó primero que el llamado.
¿Qué logró el cantante regional norteño con las personas de la tercera edad?
Bastaron los primeros acordes para cambiar el ánimo. Canciones norteñas, historias de amor y desamor, y una que otra de esas que invitan a mover los pies rompieron la monotonía de la mañana.
Ellos lo escuchaban, le aplaudían y me pusieron mucha atención a cada tema que interpretaba.
Reynaldo recorre así las calles de Guadalupetodos los días. Camiones urbanos, restaurantes, taquerías y, de vez en cuando, el Palacio Federal forman parte de su ruta habitual.
Ahí, dice, la propina casi siempre está asegurada, porque a los adultos mayores les gusta la música que trae consigo: la que recuerda, la que acompaña, la que abraza.
Este día llegó inspirado. Cantó cinco canciones y regaló una más “de pilón”. Con la guitarra bien afinada y una voz que evocaba al estilo de Ramón Ayala, logró que más de uno sonriera, aplaudiera y hasta le echara porras.
Nadie pidió un tema en especial; no hacía falta. Reynaldo parecía saber exactamente qué cantar.
Originario del estado de Chihuahua y con diez años viviendo en Monterrey, contó en entrevista para POSTA que la música no es solo un pasatiempo, es su forma de vida.
De ella obtiene lo necesario para sostener su hogar, apoyar a su esposa y cubrir sus gastos diarios. Lo dice con orgullo y sin queja.
¿Qué representa la música para Reynaldo?
Caminar, cantar y cargar su guitarra lo hace feliz. A veces lo contratan para fiestas, pero su escenario favorito sigue siendo la calle, donde la música llega directo al corazón.
Este día, sin proponérselo, hizo más llevadera la espera de quienes aguardaban su pensión y conquistó a varios con su voz.
Cuando terminó de cantar, recibió monedas, palabras de ánimo y recomendaciones.
Luego con su guitarra al pecho, agradeció y siguió su camino, rumbo a algún camión, listo para compartir otra canción más adelante.
Reynaldo recorre así las calles de Guadalupe todos los días. Foto: POSTA.
Porque para Reynaldo Lagarda, la música no solo se toca: se comparte. Y en el camino, también consuela.
Detrás quedaron las filas, la espera y el cansancio; adelante, otro camión, otra calle y otra canción por cantar.
Porque mientras haya alguien dispuesto a escuchar, la música como Reynaldo siempre encontrará a quién acompañar.