Osos en las calles de Nuevo León: la expansión urbana que acerca a la fauna a las casas
El crecimiento urbano ha acercado las zonas habitacionales al hábitat de osos, zorros, jabalíes y otras especies; autoridades piden no alimentarlos ni acercarse.
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Cada vez es más común encontrar osos, zorros, jabalíes, mapaches y tlacuaches en zonas habitacionales de Nuevo León. Aunque para muchos representa una invasión de animales a la ciudad, la expansión urbana hacia áreas naturales plantea otra pregunta: ¿somos nosotros quienes estamos entrando en su territorio?
Nuevo León, tierra de osos negros
El crecimiento de la mancha urbana y la construcción de viviendas en zonas cercanas a cerros, sierras y áreas con vegetación han hecho más frecuentes los encuentros entre personas y fauna silvestre.
Para quienes viven cerca de zonas naturales, encontrarse con un oso caminando por una calle, un zorro atravesando una colonia o un jabalí buscando alimento puede parecer algo extraordinario. Sin embargo, autoridades han señalado que estas especies forman parte del ecosistema de Nuevo León y que su presencia en determinadas áreas no es nueva.
El director de Protección Civil de Nuevo León, Erik Cavazos, recordó que el estado forma parte del hábitat natural del oso negro y destacó que esta especie cuenta con protección legal.
“Bueno, primero que nada, hay que recordar que en Nuevo León es tierra de osos, del oso negro, que es muy importante… recuerden que el oso negro está protegido por una Norma Oficial Mexicana de la Semarnat.”
El funcionario también ha llamado a la población a entender que los encuentros con fauna silvestre requieren precaución y que los animales no deben ser tratados como mascotas.
El crecimiento urbano acerca a las personas a la fauna
El desarrollo habitacional ha modificado el entorno de distintas especies. Al extenderse las zonas urbanas hacia áreas de vegetación y montaña, los espacios donde se desplazan los animales quedan cada vez más cerca de las viviendas.
Por ello, la aparición de fauna silvestre en sectores habitados puede convertirse en una situación recurrente, particularmente en zonas próximas a la sierra.
Los animales pueden desplazarse en busca de agua, alimento o refugio, especialmente cuando encuentran condiciones favorables para hacerlo.
Ver un oso no significa que haya que acercarse
Uno de los principales riesgos durante un avistamiento ocurre cuando las personas intentan aproximarse para tomar fotografías o grabar videos.
La presencia de teléfonos celulares ha convertido estos encuentros en imágenes que rápidamente circulan en redes sociales. Sin embargo, acercarse demasiado puede alterar el comportamiento del animal y poner en riesgo tanto a las personas como a la propia fauna.
La recomendación de las autoridades es mantener una distancia segura, evitar provocar al animal y no intentar tocarlo.
No alimentar a los animales puede evitar que regresen
Otro punto señalado por Protección Civil es la importancia de no proporcionar comida a los animales silvestres.
Aunque alimentar a un oso u otra especie pueda parecer un acto de ayuda, el contacto frecuente con fuentes de alimento proporcionadas por personas puede hacer que los animales relacionen las zonas habitadas con comida.
Esto puede provocar que regresen a los mismos sitios y aumenten los encuentros con habitantes.
Por ello, tampoco se recomienda dejar residuos o alimentos accesibles que puedan atraer a la fauna hacia las viviendas.
La recomendación: reportar y mantener la distancia
Ante el avistamiento de un animal silvestre en una zona habitada, las autoridades recomiendan no intentar capturarlo, ponerle trampas o utilizar objetos que puedan lastimarlo.
Tampoco se debe intentar resolver la situación por cuenta propia.
En estos casos, la población puede reportar el avistamiento al 911 para solicitar la intervención de Protección Civil o de las autoridades correspondientes.
La intención no es generar alarma, sino evitar que la curiosidad de las personas termine provocando una situación de riesgo.
Una convivencia cada vez más cercana
Osos negros, zorros, jabalíes, mapaches, tlacuaches y venados forman parte de la fauna que habita en Nuevo León. Su aparición en zonas urbanizadas también refleja la cercanía que existe entre las ciudades y los espacios naturales.
Por eso, la próxima vez que un animal silvestre aparezca cerca de una colonia, la pregunta no necesariamente tiene que ser qué está haciendo ahí.
El crecimiento de las ciudades ha llevado las viviendas cada vez más cerca de los lugares donde estas especies se desplazan naturalmente.
Y ante esa convivencia cada vez más frecuente, la recomendación de las autoridades es sencilla: observar desde una distancia segura, no alimentar, no acercarse y reportar el avistamiento.