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Si piensas en comida típica de Nuevo León, seguramente el cabrito está entre las primeras opciones. Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo llegó a convertirse en uno de los platillos más famosos del estado? Su historia está relacionada con la llegada de las cabras a México, la ganadería y una tradición que ha pasado de generación en generación.
Todo comenzó con la llegada de las cabras
Aunque hoy el cabrito es uno de los platillos más conocidos de Nuevo León, su historia se remonta a la época colonial, cuando los españoles trajeron cabras al continente americano.
Estos animales se adaptaron a distintas regiones de México y comenzaron a criarse para aprovechar su carne y su leche. Con el paso del tiempo, la carne de cabra se incorporó a la alimentación de distintas comunidades y se convirtió en parte de la cocina regional.
En Nuevo León, la crianza de cabras ayudó a que el cabrito se ganara un lugar en la gastronomía local. Sin embargo, no hay una fecha exacta confirmada que permita saber cuándo comenzó a prepararse como lo conocemos actualmente.
¿Qué tiene que ver el clima de Nuevo León?
Una de las razones por las que las cabras se volvieron importantes en el noreste de México es que pueden adaptarse a zonas secas donde otros animales pueden tener más dificultades.
La ganadería caprina permitió aprovechar los recursos disponibles y obtener carne y leche. Así, las cabras se convirtieron en parte de las actividades ganaderas de la región.
Con los años, la carne de cabrito pasó de ser un alimento más a convertirse en una preparación que distingue a Nuevo León de otros estados.
Aunque el clima y la ganadería ayudan a explicar su presencia en la región, no son los únicos factores detrás de su popularidad. También ha sido importante que la receta se mantenga viva a través de las generaciones.
¿Por qué se prepara a las brasas?
Cuando se habla de cabrito en Nuevo León, una de las primeras imágenes que vienen a la mente es la de un animal cocinándose lentamente frente al fuego.
El cabrito al pastor se prepara tradicionalmente colocándolo en una estructura metálica cerca de las brasas, donde se cocina poco a poco. La técnica busca que la carne se cocine de manera uniforme y conserve su sabor.
Esta preparación es una de las más reconocidas de Monterrey y forma parte de la oferta de restaurantes especializados en comida regional.
Además, el cabrito puede servirse en diferentes partes, como la pierna, la espaldilla y la riñonada. Por eso, cuando alguien pide cabrito, no necesariamente está hablando de una sola pieza o presentación.
No todo es cabrito al pastor: también existen otros platillos
Aunque el cabrito asado es el más conocido, hay otras preparaciones que forman parte de esta tradición gastronómica.
Una de ellas es la fritada, que se prepara con sangre y vísceras del animal. También están los machitos, elaborados con vísceras envueltas en intestino.
Estas recetas aprovechan distintas partes del animal y forman parte de la cocina tradicional de Nuevo León.
Además, suelen acompañarse con tortillas de harina, otro alimento muy presente en la gastronomía del noreste mexicano.
De la tradición ganadera a uno de los símbolos de Nuevo León
El cabrito no se volvió famoso de un día para otro. Su presencia en la ganadería, las recetas que se han transmitido entre generaciones y su lugar en los restaurantes de comida regional ayudaron a convertirlo en uno de los platillos más identificados con el estado.
Su importancia también se refleja en la producción local. En 2018, la entonces Secretaría de Agricultura informó que en Nuevo León se producían alrededor de 200 mil cabritos al año. Esa cifra corresponde a ese periodo y no representa necesariamente la producción actual.
Hoy, el cabrito es uno de los platillos que muchas personas relacionan con Monterrey y con la identidad gastronómica de Nuevo León.