Azucena Uresti: El matrimonio entre criminales y gobernantes en México
La detención del alcalde de Juchitán reaviva las dudas sobre la seguridad, la extorsión y los presuntos vínculos entre autoridades y grupos criminales.
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Para nadie es una novedad que en México tenemos miedo, miedo a que nos asalten, a que nos secuestren, a que nos extorsionen, a que nos maten. Pero hay un miedo peor, descubrir que quien debería protegerte trabaja con los criminales. Eso es lo que hoy sacude a Juchitán, Oaxaca. Su alcalde, Miguel Sánchez Altamirano, emanado de Morena, fue detenido acusado de extorsión, una grabada y delitos contra la seguridad del Estado. Las autoridades lo vinculan con una organización criminal dedicada, entre otras cosas, al cobro de piso.
La investigación se tiene que desde la propia estructura municipal se habría protegido a delincuentes e incluso utilizado información de cámaras de seguridad para alertarlos de operativos. El ciudadano denuncia al criminal, pero ¿qué pasa si la autoridad a la que denuncia está del otro lado? Y lo peor es que la violencia y la extorsión en Juchitán llevan tiempo siendo denunciadas.
Por eso ahora no basta con que el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, diga que nadie está por encima de la ley y que protegerán a la población. No es cierto.
¿Dónde estuvo el gobernador todos estos meses? Porque en México no solo tenemos que sobrevivir ya a los criminales, también tenemos que exigir que quienes gobiernan y deberían protegernos, pues no terminen trabajando para ellos y en todo caso que sean castigados y que las denuncias de los ciudadanos no sean indiferentes a las autoridades que en teoría deberían protegernos.