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México

EEUU y El Salvador: La reactualización espectacular del castigo público

Gobierno de Trump ha hecho un acuerdo con el de Bukele, y ahora el CECOT recibe también prisioneros enviados por el gobierno de EEUU por un pago de 20,000 dólares por preso al año.


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Por: Fernando Bustos

CIUDAD DE MÉXICO.- Este es el mensaje que envió la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, desde la famosa y polémica cárcel mandada a construir por Bukele en El Salvador, el CECOT. Y es que el gobierno de Trump ha hecho un acuerdo con el de Bukele, y ahora el CECOT recibe también prisioneros enviados por el gobierno de EEUU por un pago de 20,000 dólares por preso al año.

Apenas hace unos días, el gobierno de Trump envío a más de 200 venezolanos inmigrantes a esa cárcel, pero para poder hacerlo tuvieron que invocar la Ley de Enemigos Extranjeros. Una legislación del siglo XVIII, que fue invocada por última vez durante la Segunda Guerra Mundial.

El problema con esta ley es que autoriza al presidente de EEUU a detener, deportar o restringir a ciudadanos extranjeros que se considere enemigos sin ningún tipo de juicio o pruebas. En este caso, el gobierno de Trump afirma que todos los venezolanos deportados forman parte de una banda delictiva aún cuando familiares de algunos detenidos niegan esa acusación.

Todo esto es problemático e interesante. Y deberíamos analizar el cómo estamos frente a una actualización de un espectáculo punitivo que se regocija y se construye mediante el castigo público.

Porque eso es lo que vemos en todos esos videos de medios y de influencers que han podido ir a grabar esta cárcel a El Salvador. Y es que la intención de Bukele ha sido clara desde un inicio y por eso ha permitido que se pueda grabar. Lejos de manejarse bajo una economía del castigo, donde se elige cómo castigar a quienes cometen un delito y, generalmente, este castigo permanece oculto, lo que le interesa a Bukele es el teatro del castigo. Hacerlo público como sucedía en el pasado, con tal de instaurar un poder político mediante el miedo.

El CECOT no es otra cosa que la cárcel como zona de excepción. Una zona donde los derechos dejan de existir.

Lo peligroso es que esa lógica punitiva y disciplinaria radical no sólo le interesa a Bukele sino que también le interesa a personajes como Trump o Elon Musk.

Sin duda las sociedades disciplinarias nunca se fueron, pero parece que hubo un tiempo en que por temas de derechos humanos y un proyecto de razón, todos esos dispositivos y mecanismos que servían para vigilar y castigar dejaron de estar en primera plana (y lo vemos con el cómo las cárceles y psiquiátricos dejaron de tener tanta visibilidad y en su lugar se volvieron visibles gimnasios, torres de oficinas, aeropuertos). No obstante hoy está de regreso sin ningún tipo de reparo, y más bien actuando con cinismo, con la historia a las espaldas.

Una repetición peligrosa que no podemos ignorar.

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