El Ecce Homo de Cecilia Giménez
El fenómeno de la restauración del Ecce Homo de Elías García, más allá de ser solo un error con final feliz, sirve para reflexionar sobre el arte mismo.
Hace unos días falleció Cecilia Giménez, autora de la restauración de ese cuadro que casi todos hemos visto: el Ecce Homo.
Una restauración que en un inicio fue considerada fallida y risible, pero que terminó por resignificar una obra de poca relevancia estética y puso en el mapa internacional a la ciudad de Borja como un punto de parada turística.
El fenómeno de la restauración del Ecce Homo de Elías García, más allá de ser solo un error con final feliz, sirve para reflexionar sobre el arte mismo, pues si bien no podemos considerar bello el resultado, hay algo ahí que guarda hoy un valor estético actual.
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La pintura mural, que en un acto generoso, ingenuo y de fe Cecilia Giménez decidió intervenir, fue una obra que solo a través de esa restauración resignificó su horizonte de sentido frente al mundo actual.
Mucha de la actualidad e importancia de obras no depende solo de lo que significaron en el pasado o de la pieza en sí, sino de lo que pueden significar para nosotros en el presente.
¿Qué nos dicen hoy la Mona Lisa, La Piedad, Las Meninas, una cabeza olmeca? La ingenua, pero bienaventurada restauración de Cecilia a la pintura mural de Elías García es una muestra del cómo resignificar el pasado.
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Mucho del valor de obras y piezas no tiene que ver únicamente con un velo sagrado, sino con la forma en que aún pueden interpelarnos a través del tiempo. El Ecce Homo es muestra de ello.
Sin duda la intervención alteró la intención original del autor e introdujo otras categorías estéticas, pero hizo que una historia, una comunidad y una pintura entraran en la historia del arte como un fenómeno digno de atención.
No nos queda más que imaginar a Cecilia, en algún plano, conversando entre risas con Elías, el autor de esa obra que Cecilia terminó por actualizar.
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