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Fer Bustos: El secuestro de la vivienda en CDMX

La menor demanda para el Mundial 2026 exhibe la especulación inmobiliaria y la crisis de vivienda que afecta a las principales ciudades de México.


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Parece que el gran negocio del Mundial no está resultando ser un gran negocio en México después de todo.

Durante meses vimos a propietarios y administradores de departamentos y casas de Airbnb pensar que el Mundial iba a ser un buen negocio para ellos. Las personas lo sabían y por eso hubo muchos que tenían miedo que los echaran de su departamento para esas fechas.

Y como podemos ver en este reportaje de La Silla Rota, no estaban equivocados. Propiedades que normalmente se rentaban en 10 o 12 mil pesos al mes aparecieron ofertadas en más de 100 mil pesos al mes para las semanas del Mundial.

Como si de pronto hubiera personas dispuestas a pagar cualquier cantidad con tal de dormir unos días en CDMXPero la realidad parece ser otra. Dueños y administradores de departamentos en Airbnb ya reconocieron una demanda menor a la esperada en ciudades como CDMX, GuadalajaraMonterrey. Y quizá eso debería hacernos reflexionar sobre algo más profundo.

El problema no es sólo con Airbnb sino también todas aquellas personas que, desde hace años, comenzaron a ver la vivienda no sólo como un negocio rentable sino como una oportunidad para enriquecerse rápidamente.

Y lo entiendo. Todos necesitamos dinero. Pero una cosa es obtener una ganancia razonable y otra muy distinta es convertir el acceso a la vivienda en un ejercicio de especulación sin límites.

Sin embargo este fenómeno no apareció de la nada. México lleva años construyendo una crisis de vivienda y los diferentes gobiernos del país han hecho muy poco para enfrentar el problema de fondo: especulación inmobiliaria, gentrificación, transformación de barrios enteros para atender las necesidades de quienes tienen más dinero mientras quienes habitaban esos espacios son desplazados poco a poco.

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La CDMX ya presenta problemas que otras ciudades altamente turísticas del mundo, como Barcelona, llevan años enfrentando. La diferencia es que nosotros tuvimos la oportunidad de observar esas consecuencias con anticipación y aun así el gobierno decidió avanzar exactamente en la misma dirección.

Durante años se celebró la llegada de más turismo, más inversión extranjera y más desarrollos inmobiliarios sin preguntarnos quién estaba pagando realmente el costo de todo eso. Y el costo lo han pagado quienes ya no pueden rentar en su colonia o en su ciudad.

El Mundial sólo está exhibiendo algo que ya estaba ahí y que sirvió a muchos como excusa para intentar llevar esa lógica hasta el extremo. Y cuando una ciudad comienza a verse únicamente como una oportunidad de negocio, quienes terminan sobrando son sus propios habitantes.

Esto es lo que hemos visto durante años, sólo que ahora es más evidente cómo muchas ciudades están dejando de pensarse para sus habitantes, y en su lugar, comienzan a diseñarse para consumidores premium: para locales y extranjeros con poder adquisitivo.

Mientras en otras ciudades anfitrionas se discutieron mecanismos para acercar parte de los beneficios del Mundial a la población local, aquí la conversación estuvo dominada por cuánto dinero podían ganar quienes rentaban propiedades. Y eso dice mucho sobre nuestras prioridades.

Una ciudad no debería medirse únicamente por la cantidad de turistas que recibe o por el dinero que logra atraer. Debería medirse por la capacidad que tienen sus habitantes para permanecer en ella, construir una vida y sentirse parte de ella.


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