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Estados Unidos va a transmitir en vivo un fusilamiento. Nidal Malik Hasan asesinó a 13 personas e hirió a otras 32 en Fort Hood en 2009. Y será ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 3 de diciembre y el Pentágono anunció que la gente podrá verlo en directo.
Esto me recuerda el inicio de Vigilar y castigar de Foucault. El libro comienza narrando la ejecución pública de Damiens en París, en 1757. Lo torturaron frente a una multitud, lo descuartizaron amarrando sus extremidades a 6 caballos y finalmente quemaron su cuerpo. Y esto duró horas.
Foucault cuenta esa escena porque durante siglos el castigo apareció como un teatro, como un espectáculo que se presentaba frente a las masas. No bastaba con condenar a alguien. El poder necesitaba que la gente viera qué pasaba con quien rompía sus reglas. Sin embargo, con el tiempo, esto cambia y el castigo pasó, según Foucault, de ser “un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos”. Las cárceles fueron sustituyendo al suplicio público y el castigo dejó de mostrarse públicamente.
Más de 200 años después, no sólo gobiernos autoritarios y de derecha están regresando, sino también, pareciera, la forma en que se ejecutan los castigos y se buscaba disciplinar a la gente. Pete Hegseth, el secretario de defensa de EEUU incluso dijo que la ejecución debe ser pública porque la gente necesita entender que este tipo de actos tienen consecuencias.
No sólo quieren ejecutar a una persona. Quieren que la gente lo vea. No solo la de su país sino la gente del mundo. Y en una sociedad voyerista que se ha acostumbrado a la violencia visual, esto probablemente de pie a miles de views, que incluso se podrían monetizar: el streaming del estado ejerciendo el castigo último sobre el cuerpo.
El regreso a este tipo de castigo llevó a que el papa León XIV dijera en X que la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la dignidad de la persona. Pero incluso esto hizo que otros sectores más conservadores de la iglesia dijeron que estaba equivocado.
Cuando el ala conservadora de EEUU dice Make America Great Again, valdría preguntarnos hasta dónde creen que se debería de regresar en el tiempo y dónde está esa grandeza que prometen. Porque si esa grandeza también incluye volver a convertir la muerte en espectáculo, al mismo tiempo que se habla de recuperar valores que incluso desde el Vaticano se habían superado, habría que preguntarnos qué pasado es el que realmente se quiere recuperar, qué están dispuestos a hacer.