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Anthropic, empresa de inteligencia artificial, destruyó hasta millones de libros. Sí, destrucción de libros en pleno siglo XXI. La destrucción de textos inevitablemente nos remonta a la Alemania nazi de 1933, cuando al menos 20 mil ejemplares fueron incendiados en la plaza de la Ópera de Berlín.
En este caso, no se trata (al menos deliberadamente) de un acto de censura, sino de una estrategia legal con el objetivo de fortalecer al modelo de inteligencia artificial de la compañía llamado Claude, competencia directa de Chat GPT de Open AI.
El periódico estadounidense The Washington Post publicó la investigación desde enero de 2026, aunque el tema no generó ruido internacional hasta esta semana, cuando medios retomaron el reportaje, y en redes se difundió indignación. Lxs periodistas Nitasha Tiku, Aaron Schaffer, y Will Oremos revisaron 4,000 documentos judiciales de una demanda de autores contra Anthropic.
Ahí, encontraron el desglose de un plan que la empresa expresó que quería mantener en secreto: el Proyecto Panamá.
El proyecto buscaba entrenar el lenguaje de Claude utilizando libros antiguos, muchos difíciles de conseguir, raros, que se han dejado de fabricar, y posiblemente, ejemplares con un número limitado todavía en existencia.
El proceso era el siguiente: a través de un intermediario para evitar sospechas (la empresaISBNdb), Anthropic adquiría los textos; luego les quitaban la portada, contraportada y lomo para facilitar el escaneo de cada página; al final, las obras físicas eran destruidas.
La destrucción de los libros no era un descuido, sino una estrategia para evitar problemas por derechos de autor. Previamente Anthropic enfrentó denuncias de escritores precisamente por este tema. En junio de 2025, el juez en California, William Alsup, emitió una sentencia a favor de la compañía.
Alsup determinó que Anthropic podía comprar libros para entrenar a su modelo Claude, siempre que el ejemplar original fuera destruido.
La lógica era que, si compraron un título y lo duplicaron al pasarlo al formato digital, podría tratarse de un tema de piratería. Por ello, para estar al margen de la ley, la startup tendría que eliminar las obras físicas, requisito que han cumplido.
El reportaje del Washington Post deja preguntas que siguen sin ser respondidas a siete meses de su publicación. ¿Cuántos libros fueron destruidos? No se sabe. En los documentos, un proveedor afirma que tiene la capacidad de destruir entre medio millón y dos millones de libros cada seis meses.
Lo que me hace creer que la cifra es mayor es que, en la página de ISBNdb (intermediaria), se afirma que “Anthropic comenzó a comprar libros físicos, de hecho, millones de ellos, de cada género”.
Otra duda fundamental: ¿el proyecto Panamá continúa? No hay certeza. Y quizás, el cuestionamiento más relevante: ¿cuántos de los textos adquiridos eran ejemplares únicos, conocimiento destruido para siempre? Se desconoce, por lo que medir la gravedad del asunto es sumamente complicado.
Intenté jugar a la abogada del diablo. ¿Y si la destrucción de estos libros no fue necesariamente destrucción del conocimiento? Incluso si se tratara de tomos únicos, se encontraban en librerías especializadas, probablemente costosas, y según la investigación, principalmente en Europa.
Es decir, no era conocimiento accesible. ¿Y si ahora sí podrían ser textos que más personas pudieran consultar? Para abonar a mi debate moral interno, decidí preguntarle a Claude si podía darme información sobre los libros que fueron usados para entrenarlo.
Me respondió desglosando varios puntos que llevaban a una sencilla conclusión: no, no era posible consultar el material a través del chat de Anthropic. Es decir, en efecto, una desarrolladora de inteligencia artificial destruyó acervo cultural de la humanidad para hacer su modelo más competitivo.
Para el nivel de depravación capitalista que nos rodea, ese grado de inmoralidad no sorprende. Claude se ha pintado como el competidor “progre” de Chat GPT y Grok. La realidad es que el progresismo para las grandes corporaciones no es una brújula moral, sino una estrategia de limpieza de imagen. Este caso lo deja bien claro.