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Cuatro personas murieron en los festejos mundialistas del pasado martes tras la victoria de la selección mexicana contra Ecuador. Tres de las víctimas fallecieron asfixiadas en las calles del centro de la Ciudad de México. El cuarto fallecido sufrió un paro cardiorrespiratorio.
Tras esta tragedia se ha repetido el discurso de que en México nos caracteriza el salvajismo, que no debimos ser sede; pero el caos por la efervescencia futbolística no es exclusiva de nuestro país, sino un lamentable elemento histórico de este deporte.
En 1985 en Bélgica, 38 personas fallecieron y se registraron más de 500 heridos en el marco de la final de la copa europea. En 1989, en Sheffield Inglaterra, 97 personas murieron aplastadas.
En el mundial disputado en Francia en 1998, el partido entre Inglaterra y Tunisia desató tres días de enfrentamientos entre aficionados con un saldo oficial de 32 heridos.
Ya más reciente tenemos nuevamente otro caso en Francia cuando dos personas murieron y 292 fueron arrestadas tras los festejos en París por la victoria en el Mundial.
Tras el triunfo de Argentina en 2022, en Buenos Aires se reportaron tres fallecimientos en medio de los festejos; y en 2026, en Francia, cuando el PSG ganó la liga, hubo más de 200 heridos y cientos de detenidos.
Mi propósito con este enlistado no es minimizar la tragedia vivida en México, sino mostrar que es un fenómeno global. La gente sale a las calles y pierde el control, no es nuevo. La explicación más sencilla: FOMO, es decir, “fear of missing out”. En español: “miedo a perderse la experiencia”.
Es esa sensación que motiva a personas que ni siquiera se consideraban aficionadas al futbol a salir al Ángel a festejar un triunfo de la selección porque “todo mundo va a estar ahí”.
Una vez en colectivo, como parte de la masa, se extiende un sentido de unión, de pertenencia y nacionalismo que además otorga anonimato.
Puedes subirte al techo de un camión, sacudir vehículos, hacer tus necesidades fisiológicas en la banqueta y tirar basura, finalmente, ¿quién va a poder identificarte entre ese río de gente con camisetas verdes?
El sentido de anonimato que otorga ser parte de esa masa es peligroso y ya cobró al menos una vida en este mundial en México. No debemos olvidar lo que pasó en Baja California Sur: aficionados comenzaron a sacudir un coche; el conductor que iba con su familia se arrancó atropellando a 17 y terminó chocando.
Momentos después, los aficionados lo sacaron, golpeándolo hasta dejarlo inconsciente. Esta semana se confirmó su fallecimiento. Le podemos dar mil vueltas al caso, pero a todas luces, fue un asesinato con decenas de testigos directos, y sin un solo detenido.
Con este contexto, la apuesta del gobierno tanto local como federal ha sido colocar más pantallas en Paseo de la Reforma para evitar aglomeraciones. La idea no es mala, la dispersión.
El riesgo es que la estrategia funcione mientras se juegue el partido, pero que una vez concluido, de salir victoriosos, se desaten ríos de gente hacia la misma dirección bajo la consigna: ¡Vámonos al Ángel!¡Vámonos al Ángel!
Este martes, se desplegaron 15 mil policías en la capital, 4 mil 200 sólo en Paseo de la Reforma, evidentemente rebasados por el millón 400 mil aficionados que se congregaron en la zona.
Entiendo que hay limitaciones, pero quizás, podrían sumarse más elementos si se reduce la cantidad destinada a asediar a las familias buscadoras. Lo digo por la desproporcionada respuesta policiaca que recibieron madres y padres de desaparecidxs que se manifestaban pacíficamente en Tlalpan, previo al enfrentamiento México-Ecuador.
El señor Fernando Vargas incluso fue amarrado a un poste con la misma lona que llevaba para exigir que se encuentre a su hijo Olin Hernando Vargas Ojeda.
No es normal que se trate así a familias buscadoras, ni que exista la posibilidad de morir aplastado por salir a celebrar. De paso, tampoco es normal que la Ciudad de México le pague 340 pesos al día a las personas encargadas de limpiar el desastre dejado por los aficionados.
Para peor, las y los trabajadores de limpieza han denunciado que son “externos” es decir, ni siquiera reciben prestaciones de ley.
Creo que la mayoría queremos que la selección mexicana siga ganando. No por nada, la pregunta ha sido: ¿Y si sí? Y si sí, bueno, mejor ser responsables y llevársela tranquilo.