Nuevo Laredo registra 6 mil adultos mayores analfabetas según ITEA
En Nuevo Laredo, más de 6 mil personas viven en condición de analfabetismo; la mayoría son adultos mayores y el reto ahora es localizarlos y motivarlos a aprender.

En Nuevo Laredo existen poco más de 6 mil personas en condición de analfabetismo, la mayoría adultos mayores que nunca tuvieron la posibilidad de aprender a leer y escribir. Así lo revelan datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, que muestran que este rezago educativo persiste, especialmente entre personas de edad avanzada.
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Aunque la cifra es alta, el analfabetismo no es una condena definitiva. Programas gratuitos de alfabetización impulsados por el Instituto Tamaulipeco de Educación para Adultos han demostrado que, con acompañamiento y paciencia, incluso quienes superan los 60 o 70 años pueden aprender a leer y escribir, cambiando de manera profunda su vida cotidiana.
¿Quiénes son las personas que aún no saben leer ni escribir en Nuevo Laredo?
De acuerdo con las autoridades educativas, la mayoría de las personas analfabetas en la ciudad son adultos mayores. Muchos crecieron en contextos donde ir a la escuela no era prioridad, ya fuera porque tuvieron que trabajar desde niños, cuidar a su familia o vivir en zonas rurales sin acceso a educación formal. Otros abandonaron la escuela por enfermedades o carencias económicas que los obligaron a dejar los estudios.
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Este grupo enfrenta hoy un doble reto: el rezago educativo y las limitaciones propias de la edad, como problemas de salud, movilidad reducida o dificultades visuales, factores que complican su incorporación a los círculos de estudio tradicionales.
¿Qué logros ha tenido el ITEA y por qué el avance es lento?
Miguel Ángel Castillo Gutiérrez, coordinador de zona del ITEA en Nuevo Laredo, informó que durante 2025 22 personas adultas lograron aprender a leer y escribir, gracias a su esfuerzo y constancia. Además, 26 personas más continúan en proceso, retomando sus clases en enero con la meta clara de concluir su alfabetización.
Sin embargo, el avance está lejos de la meta institucional. El objetivo anual era alfabetizar a 217 personas, pero múltiples factores impidieron alcanzarlo. Entre ellos destacan la edad avanzada de los posibles beneficiarios, enfermedades crónicas y la falta de interés de algunas personas que consideran que “ya es tarde” para aprender.
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Castillo Gutiérrez explicó que incluso con visitas domiciliarias, el panorama es complejo: hay personas que ya no pueden desplazarse, otras que viven solas y algunas más que simplemente no desean iniciar el proceso educativo, pese a los beneficios que conlleva.
¿Por qué es tan difícil localizarlos y llevar la educación hasta sus casas?
Uno de los principales obstáculos es la falta de información actualizada. Los datos proporcionados por la Secretaría del Bienestar del Gobierno de México no siempre coinciden con la realidad, ya que muchas personas ya no viven en los domicilios registrados o no pueden ser localizadas.
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Ante este escenario, el ITEA ha optado por llevar la educación directamente a los hogares cuando es posible, una estrategia que busca romper barreras físicas y emocionales. Para muchos adultos mayores, aprender a leer significa poder firmar su nombre, leer una receta médica o entender un recibo, acciones simples que representan dignidad e independencia.













