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Durante mucho tiempo, este evento se ha asociado principalmente con los equinoccios de primavera y otoño. Sin embargo, nuevas investigaciones del INAH revelan que este fenómeno forma parte de un proceso más amplio y complejo que se desarrolla a lo largo de varios meses.
El artículo “El Castillo de Chichén Itzá. Evocación de un mensaje majestuoso de trascendencia calendárica”, de Orlando Casares Contreras, Arturo Montero García; Jesús Galindo Trejo, y David Wood Cano, revela aspectos importantes de este fenómeno.
El llamado descenso de Kukulcán es un efecto visual que ocurre cuando la luz del Sol proyecta sombras sobre la alfarda norte de El Castillo. Estas sombras generan figuras triangulares de luz que, en conjunto, crean la apariencia del cuerpo de una serpiente que desciende hasta una cabeza esculpida en piedra en la base de la pirámide.
Este fenómeno comienza en la parte superior del edificio y se va extendiendo hacia abajo conforme el Sol se acerca al horizonte al atardecer. La combinación entre la arquitectura de la pirámide y la posición solar permite que la luz y la sombra formen esta figura de manera precisa, lo que demuestra el avanzado conocimiento astronómico de los mayas.
El artículo señala que los especialistasdocumentaron el proceso de iluminación de la pirámide durante todo el año, con algunos hallazgos relevantes.
Indican que la formación de la serpiente de luz no es exclusiva de los equinoccios. En realidad, este efecto inicia desde el 12 de febrero, cuando aparecen los primeros destellos luminosos en la pirámide, aunque de forma breve y con pocos triángulos visibles.
Con el paso de los días, el número de triángulos de luz aumenta gradualmente hasta alcanzar siete, entre el 15 y el 25 de marzo, periodo que coincide con el equinoccio de primavera.
“Esto sugiere que el fenómeno no marca un solo día, sino un intervalo que permitía a los antiguos observadores ubicar con mayor precisión el equinoccio”, señala el artículo.
¿Qué revela este fenómeno sobre el conocimiento maya?
Además de ser un espectáculo visual, el artículo señala que este fenómeno pudo haber servido no solo para localizar el equinoccio, sino también como una herramienta para medir el tiempo y organizar actividades importantes, como la agricultura o ceremonias religiosas.
Los investigadores consideran que este sistema refleja la importancia del calendario en la cultura maya y su capacidad para integrar arquitectura y astronomía con gran precisión.