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Los espeleobuzos Cristian Selún y Axel Hechler localizaron restos óseos de un mamífero en una cueva sumergida de la localidad de Abalá, a una profundidad aproximada de entre 47 y 50 metros, durante la exploración de un sistema de cavernas del municipio.
Una revisión preliminar de las imágenes subacuáticas sugiere que los restos podrían corresponder a un felino, aunque hasta el momento no hay una identificación científica de la especie. Tampoco se conoce su antigüedad ni se ha determinado si todas las piezas pertenecen al mismo individuo.
Foto: Cistian Selum
Por ello, el descubrimiento debe considerarse por ahora como un hallazgo osteológico pendiente de investigación, y no como la identificación de una nueva especie o de un animal prehistórico.
La importancia del descubrimiento radica tanto en las condiciones en las que fueron encontrados los huesos como en las interrogantes que abre para la comprensión de la fauna histórica de Yucatán.
Los sistemas de cuevas y cenotes de la Península han demostrado ser depósitos excepcionales de vestigios paleontológicos, capaces de conservar restos de fauna extinta durante miles de años gracias a las condiciones anóxicas y estables del ambiente subacuático.
El registro será compartido con especialistas y con las instancias competentes para orientar su evaluación científica y establecer medidas para proteger el sitio. Por razones de conservación, la ubicación exacta de la cavidad no será divulgada.
El hallazgo fue realizado por los espeleobuzos Cristian Selún y Axel Hechler, quienes documentaron los restos mediante fotografías subacuáticas y utilizaron una cinta métrica como referencia para registrar sus dimensiones y posición dentro de la cavidad.
Cristian Selún cuenta con experiencia previa en descubrimientos similares: participó junto con el espeleobuzo Arnaldo Marruco en el hallazgo de restos de un perezoso gigante en el cenote Dzombakal, municipio de Umán, un antecedente que muestra el potencial de los sistemas de cuevas y cenotes de Yucatán para conservar vestigios de fauna.
En aquel descubrimiento, los restos fueron identificados por el paleontólogo Jerónimo Avilés Olguín como pertenecientes a un perezoso gigante del género Nothrotheriops, extinto hace más de 10,000 años.