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Entre toldos, puestos de comida, ropa de segunda mano, accesorios, chácharas y gente que viene y va se forma un laberinto que todos los martes y viernes por la mañana ocupa las canchas del parque de la Esperanza, al oriente de Mérida.
Cerca de las gradas, frente a un señor que vende música: esas son las coordenadas para encontrar a Yobaín Vázquez Bailón, escritor y tianguista, como el mismo se define. Lo saludo, deja encargado su puesto y caminamos alejándonos del bullicio para poder conversar.
Foto: Katia Rejón
Lo que nos ocupa es La Travestiada, su novela más reciente que se presentará este sábado 14 de marzo, a las 13: horas, en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) acompañado de David Loría, Tonas Lima y Christian.
Cuéntame sobre La travestiada ¿Cómo llegó a ti esta historia?
La Travestiada es una novela inspirada en una historia verídica ocurrida en 1901, durante el régimen de Porfirio Díaz: el famoso baile de los 41, al que asistieron únicamente hombres, algunos de ellos travestidos de mujer. Tras el evento, se realizó una redada en la que detuvieron a la mitad de los asistentes.
Se dice que a los que se habían travestido los mandaron a Yucatán como castigo para luchar contra los rebeldes mayas en la Guerra de Castas. Esto es algo que leí en una revista de conocimiento popular cuando era adolescente y me intrigaba mucho, porque son cosas que no aparecían en los libros de historia.
En ese momento lo que más me interesaba era saber qué había pasado con estos personajes, porque no se sabían sus nombres, mucho menos el destino que habían tenido.
También es una especie de deuda histórica, porque hasta la fecha no había una novela que hablara sobre ellos. Hay investigaciones, pero no abundan tanto en las historias de estas personas. Lo que hice fue mostrar el viaje que hicieron y darle vida a estos personajes que fueron borrados.
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¿Cómo fue el proceso de investigación y escritura de La Travestiada?
Para escribir la novela tuve que hacer investigación. Incluso me atreví a ir al archivo histórico con la esperanza de encontrar algún documento que hablara sobre ellos o que dijera sus verdaderos nombres, pero no encontré nada.
No sé si porque no soy historiador de formación o porque de plano no dejaron registro, pero el solo hecho de investigar o de ir a mancharme las manos con papeles viejos le dio cierta aura a la novela.
El proceso de escritura fue bastante rápido y divertido, quise ser un poco infiel a la ficción histórica con anacronismos como una especie de broma desde nuestro tiempo. Creo que eso fue lo que más disfruté: no apegarme tanto a los cánones de cómo escribir una novela histórica, sino soltarme un poco en ese sentido.
La novela tiene doce personajes principales. ¿Cómo surgieron y en qué te inspiraste para construirlos?
Me basé en una historiadora que menciona que fueron doce los que mandaron a Yucatán. Al principio pensé: “Voy a hacer una novela de doce personajes”, sin saber que era un reto, porque hay que darles voz para que no se pierdan entre todos, darles motivaciones, historias y un pasado.
Fue complicado, pero luego quise construirlos a partir de arquetipos. Por eso existe un personaje muy religioso, otro al que le gusta mucho cantar, otro muy preocupado por su aspecto físico.
En la novela dejas de lado el mito más difundido del baile de los 41: la presencia del yerno de Porfirio Díaz. ¿Por qué?
Fue una decisión política, porque cuando se escriben novelas históricas casi siempre se centran en personajes que tuvieron poder o relevancia. En el caso del baile de los 41 siempre se menciona al yerno de Porfirio Díaz, cuando ni siquiera está documentado al cien por ciento que estuviera ahí.
Muchas veces son solo chismes que han llegado hasta nuestros días. Además, eso vuelve a poner en el centro al hombre blanco privilegiado y deja en las periferias a quienes realmente recibieron el castigo. Quería que los olvidados tuvieran protagonismo, aunque tuviera que inventar sus historias.
¿Cómo ha sido el recibimiento de la novela y qué es lo que más te ha sorprendido de los lectores?
Me han dicho que nunca habían leído una novela de aventuras con protagonistas homosexuales, lo cual para mí fue un descubrimiento, porque no me había dado cuenta de que estaba haciendo algo medio transgresor. También me dicen que los personajes son femeninos en cierto punto y se salen de los cánones heteronormados.
En muchas novelas LGBT los protagonistas suelen ser personajes masculinos, guapos y musculosos. Yo traté de que hubiera diversidad, porque así somos las personas.
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Algo que me gusta es que los lectores establecen puentes entre los personajes y la actualidad. Por ejemplo, alguien me dijo que el personaje que es diva de la ópera hoy sería como un influencer de TikTok, siempre tratando de llamar la atención. Ese tipo de lecturas me gusta mucho.
En esta novela y en tu libro de cuentos Cristo es una forma de drag está muy presente el humor. ¿De dónde viene tu sentido del humor?
Creo que es algo que me sale naturalmente. No sé si sea la persona más chistosa del mundo, pero cuando escribo no lo planeo, simplemente va saliendo mientras fluye la historia. Alguna vez leí a Jorge Ibarguengoitia decir que el sentido del humor no es una técnica, sino una visión del mundo.
No es algo que puedas poner o quitar, sino algo que forma parte de tu manera de ver las cosas. Supongo que en mi caso es así. La comedia es parte de mi escritura y de mi vida, entonces que aparezca en mis textos es algo orgánico.
Eso te da un estilo propio
Sí, totalmente. Dentro del humor hay muchas formas: más cínico, más negro, más ácido. Yo todavía no sé exactamente cómo definir el mío. Pero algunos lectores me han dicho que el libro les provoca carcajadas.
Yo no sé si realmente lo sean, porque no siento que escriba chistes, sino situaciones cómicas. Para mí es un logro que alguien se ría frente a un libro.
Lees muchísimo, ves películas y series, y además lo compartes en redes. ¿De dónde sacas tiempo?
Siempre digo que si el trabajo, las parejas o los hobbies no te permiten leer, deja tu trabajo, deja tu pareja y deja tus hobbies. En mi caso tengo el privilegio de poder hacerme tiempo en las mañanas,al menos dos horas. Es bastante tiempo, aunque podría leer más.
¿En qué momento escribes?
Escribir sí es algo que hago menos. Cuando me pongo a escribir de verdad, lo hago una hora al día, pero de esa hora quizá solo 30 minutos son de escritura real. Lo demás es pensar, rayar la hoja o avanzar muy poco.
A veces en un día apenas sale una página. No considero la escritura como una tarea obligatoria de todos los días, pero cuando me pongo en ello sí tengo una rutina.
Para finalizar,¿estás preparando algo nuevo?
Sí. Escribí una novela sobre la Revolución que posiblemente salga el próximo año.También estoy escribiendo un libro de cuentos sobre los chacales, aunque todavía está en proceso. Eso es lo que ahorita me mantiene creativo y ocupado.