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Los manglares han sido reconocidos por décadas como uno de los ecosistemas más eficientes para capturar y almacenar carbono, convirtiéndose en aliados clave frente al cambio climático.
Sin embargo, nuevas investigaciones científicas revelan que esta función puede invertirse drásticamente cuando estos ecosistemas son degradados, transformándose en importantes fuentes de emisión de dióxido de carbono (CO₂).
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Una investigación doctoral desarrollada en el Cinvestav Unidad Mérida expone que los suelos kársticos, como los de la península de Yucatán, concentran procesos invisibles pero determinantes para la estabilidad climática, y que su alteración por actividades humanas o eventos hidrometeorológicos extremos puede liberar carbono almacenado durante siglos.
¿Por qué el suelo del manglar es clave en la lucha contra el cambio climático?
De acuerdo con el Cinvestav, los suelos de manglar conservados almacenan grandes cantidades de carbono orgánico, incluso más que otros ecosistemas terrestres.
Este carbono permanece atrapado gracias a condiciones de saturación de agua y a la interacción con minerales del suelo, lo que evita su liberación a la atmósfera.
No obstante, cuando el manglar se degrada por rellenos, cambios de uso de suelo, contaminación o alteraciones hidrológicas, esta estabilidad se rompe.
Foto: Alejandra Vargas.
La investigación señala que un manglar dañado puede liberar hasta el 87 % del carbono orgánico acumulado en su suelo, convirtiéndose en una fuente directa de emisiones de CO₂ y contribuyendo al calentamiento global.
¿Cómo se puede medir la salud del manglar más allá de lo visible?
La tesis, a cargo de José Luis Cortés Esquivel, advierte que la salud del manglar no debe evaluarse únicamente por lo verde que se ve.
La investigación señala que los minerales presentes en el suelo funcionan como una especie de “huella digital” del ecosistema: cuando su composición cambia, el manglar está en riesgo.
Foto: Alejandra Vargas.
El estudio destaca el papel de las arcillas, consideradas “guardianas” del carbono a largo plazo, ya que encapsulan físicamente la materia orgánica y evitan su descomposición.
Como una forma de identificar cuánto carbono hay presente en el manglar, el estudio propone la evaluación del color del suelo. Indica que se trata de una metodología aproximada y de bajo costo, lo que puede facilitar el monitoreo ambiental en comunidades y programas de conservación.
¿Cómo reconocer zonas de riesgo de emisión de carbono?
Para identificar zonas con riesgo de pérdida de carbono orgánico y aquellas con alto potencial de captura, la investigación incluyó mediciones mediante una estrategia de muestreo y análisis geoespacial, lo que permitió la generación de mapas con localizaciones específicas.
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Señala que, con esta estrategia, se pueden tomar decisiones más precisas sobre dónde invertir en conservación y dónde enfocar acciones de restauración.