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La Ciudad de México está llena de historias que se cuentan en las calles. Entre los puestos ambulantes, el ruido de los coches y el bullicio cotidiano, todavía sobreviven sonidos que marcaron generaciones como el organillo que resuena con melodías antiguas o el silbido agudo del afilador que anuncia su llegada. Sin embargo, estas tradiciones parecen estar viviendo sus últimos días.
En sus inicios, eran muy populares pues la gente se detenía en las calles para escuchar canciones románticas mientras dejaba algunas monedas. Hoy, en cambio, pocos se paran a escucharlos debido la prisa de la ciudad no da tiempo para disfrutar de las ocho melodías que aún conservan en sus cilindros.
Organillera en la CDMX. Foto: Gobierno CDMX
El reto es doble ya que los organillos son tan antiguos que repararlos resulta casi imposible, pues las piezas provienen de Alemania y su costo es muy alto.
Aun así, la tradición no ha desaparecido del todo. Desde 1975, los organilleros formaron un sindicato que les ha permitido mantenerse unidos, aunque reconocen que las nuevas generaciones difícilmente continuarán el oficio.
Otro sonido que marcó la vida urbana es el silbido del afilador. Con una flauta de caña o de plástico, anunciaban su paso para que los vecinos sacaran tijeras y cuchillos.
El trabajo se hacía en la calle, con una piedra de amolar movida a mano, o más tarde con la rueda de una bicicleta o una motocicleta.
Organilleros en la CDMX. Foto: Gobierno CDMX
Don Antonio Hernández, afilador de la capital, recuerda con orgullo lo que el oficio le ha dado, “Me gusta mucho mi oficio, así lo hago todos los días”, contó al Profesor de Derecho Laboral en la Facultad de Derecho de la UNAM, mientras sostiene un cuchillo con cuidado sobre la piedra de esmeril. Su trabajo le permitió criar a dos hijos y pagarles la universidad.
Hoy son cada vez menos. El uso de cuchillos desechables y los talleres fijos han restado clientes a estos trabajadores. Sin embargo, quienes todavía esperan el silbido del afilador saben que su visita es parte de la vida comunitaria.