La transformación de los municipios desde adentro: alcaldes que construyeron una identidad
Mientras la agenda política nacional mantiene el foco de atención en las grandes reformas estructurales del país, una silenciosa y sólida transformación está ocurriendo en el nivel municipal.
Los municipios se han construido con una gran identidad Foto: Carlos Rocha
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Más allá de los rankings publicados en revistas y cuentas de redes sociales municipalistas, hay una generación de alcaldes mexicanos que está demostrando que la gestión eficaz, con proyectos claros y continuidad administrativa, es posible transformar la vida de las ciudades y de sus habitantes, reposicionándose en el mapa nacional.
¿Cuál es la estrategia que debe aplicar un alcalde para alcanzar una recaudación del impuesto predial de casi 90 por ciento?
Para Juan Manuel Diez Francos, quien gobernó por 12 años el municipio de Orizaba, Veracruz, la respuesta es simple: “Los ciudadanos ven reflejado en las calles y en sus casas sus contribuciones.
El impuesto predial es el único impuesto que cobra el ayuntamiento. El agua, el drenaje, el alumbrado y la limpia son servicios, y los ciudadanos ven reflejado en las calles el impuesto predial, así como el pago de esos servicios en sus casas”.
Orizaba es un municipio de apenas 28 kilómetros cuadrados y poco más de 125 mil habitantes que, en 2010, en el primer año de la primera administración de Diez Francos, recaudó de impuesto predial 15 millones 967 mil pesos.
Para 2016, al cierre de la segunda administración de Diez Francos, la recaudación alcanzó los 23 millones 313 mil pesos; es decir, incrementó en 46 por ciento.
Al cierre de diciembre de 2025, último mes del último año de gobierno de la tercera administración de Diez Francos, la recaudación del impuesto predial llegó a los 29 millones 560 mil pesos, es decir, alcanzó el 86 por ciento, y casi lo doble de cuando empezó.
La clave del caso Orizaba reside en la continuidad. Esto sugiere que la fórmula combina visión a largo plazo, eficiencia administrativa y una conexión real con las necesidades ciudadanas que generan y validan la legitimidad de una administración, evitando la improvisación de corto plazo y la política de obras faraónicas o de relumbrón.
Autonomía presupuestal
Para el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), “mejorar los catastros municipales y efectuar cambios para un cobro más eficiente del predial, permitirá a los municipios tener mayor autonomía presupuestal y contar con mejores condiciones para implementar políticas públicas en beneficio de la ciudadanía”, de acuerdo con un informe publicado en abril pasado.
Para esta institución, los ayuntamientos mexicanos, en promedio, obtienen por ellos mismos sólo 11 de cada 100 pesos de sus ingresos totales. En 1 de cada 4 ayuntamientos, el 97 de sus ingresos dependen de los que les envía el estado y la Federación.
El impuesto predial es la fuente más importante de ingresos de los ayuntamientos, pero su valor es minimizado por las propias alcaldías, plantea el IMCO, que señala que los gobiernos locales mexicanos apenas recaudan 67 mil 80 millones de pesos, dinero que representa 0.2 por ciento del Producto Interno Bruto nacional, cuando en naciones como Brasil es el 0.6 por ciento; en Chile, 0.8 por ciento; en el Reino Unido es el 1.7 por ciento y en los Estados Unidos llega a 2.5 por ciento.
El impulso por profesionalizar la gestión municipal es una tendencia creciente
Instituciones como el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed) están intensificando sus programas de capacitación para servidores públicos, con ciclos de diálogos y seminarios sobre temas como financiamiento del desarrollo urbano sostenible y disciplina financiera, precisamente para dotar de herramientas técnicas a los gobiernos locales.
Los alcaldes lo están logrando
Por ejemplo, en el caso de Orizaba, el ayuntamiento no cayó en la tentación de privatizar el agua, el alumbrado público y el servicio de limpia; los controla el gobierno municipal y son autofinanciables, pues Diez Francos redujo el número de regidores del Cabildo, de 15 a sólo 5, cada uno con un sueldo mensual de 50 mil pesos, lo que le permitió ahorros por más de 50 millones de pesos.
La plantilla de empleados de confianza pasó de 600 a 250 colaboradores, reactivó los ingresos propios con el turismo, a través del teleférico y el Paseo del Río Orizaba, que dejan unos 40 millones de pesos anuales, así como el sistema de parquímetros que arroja otros 12 millones de pesos al año, entre otros ingresos.
En Toluca, Estado de México, el alcalde Ricardo Moreno Bastida, puso en marcha un ambicioso proyecto de recuperación integral del Centro Histórico: la instalación de mil 500 luminarias inteligentes controladas desde un Centro de Mando, rehabilitación de alacenas, pasos peatonales inclusivos y recuperación de la iglesia de la Santa Veracruz.
En Guadalupe, Zacatecas, el presidente municipal José Saldívar Alcalde, fue Reconocido por el Inafed por el proyecto “Atlas Municipal de Discapacidad”, que es una herramienta innovadora para la inclusión social.
La administración del alcalde Renán Barrera Concha, en Mérida, Yucatán, también fue reconocida por el Inafed por la aplicación del proyecto Diseño Participativo de Espacios Públicos, que es un modelo que involucra a la ciudadanía en la planeación urbana.
Otros ayuntamientos que están aplicando estrategias de buen gobierno y que son reconocidos por sus ciudadanos son Valle de Bravo, Zincantepec y Calimaya, en el Estado de México; Solidaridad, Quintana Roo; Champotón, Campeche; Berriozábal, Chiapas; la ciudad de Campeche; Zihuatanejo, Guerrero; Sombrerete, Zacatecas y Hopelchén, también en Campeche.
El reto de la sostenibilidad
El verdadero examen para estas transformaciones locales comienza ahora. ¿Pueden los logros de una administración, por prolongada que sea, institucionalizarse y sobrevivir al inevitable relevo político?
Los ayuntamientos que han experimentado una gestión transformadora enfrentan el reto de sostener la capacidad de sus instituciones, que genere la confianza de su sociedad para mantener el rumbo, evitar los dispendios que lleven a la reversión y convertir el proyecto de un gobierno en el patrimonio permanente de la ciudad.
La lección que dejan administraciones como la de Diez Francos es que, en un país de cambios bruscos, la constancia y la gestión ordenada pueden convertirse en los atributos más revolucionarios y deseados por una ciudadanía ávida de resultados tangibles en su espacio inmediato.
Los casos de las administraciones exitosas, que no necesariamente son las capitales estatales, son ejemplo de cómo se construye, desde lo local, una marca de ciudad que trasciende a sus gobernantes en turno, y empodera a sus habitantes.