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Nuevo León

“¡Afilamos cuchillos!”: la historia de José, el afilador que recorre Monterrey en bicicleta

Conoce a José, el afilador que recorre Monterrey en bicicleta, manteniendo viva una tradición con más de 30 años de historia.


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Con más de 30 años en el oficio, José, integrante de los Hermanos Gaspar, mantiene viva una tradición que sobrevive entre cicatrices, esfuerzo y el constante rodar de su bicicleta en el centro de la ciudad. 

En las calles del centro de Monterrey, entre el ruido de los camiones y el paso apresurado de la gente, aún se escucha un sonido que remite a otros tiempos: “¡Afilamos cuchillos, machetes, herramientas!”

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Es la voz de José, un hombre de 46 años cuyas manos cuentan una historia que no necesita palabras. Están marcadas por cicatrices, por cortes finos y otros más profundos. Son las huellas de un oficio que exige precisión, paciencia… y resistencia.

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste el llamado de un afilador en tu colonia?

José no nació en Monterrey. Llegó desde San Luis Potosí cuando tenía apenas seis años. Aquí creció, aquí aprendió, junto a sus hermanos, los conocidos “Hermanos Gaspar”, el arte de afilar. Un trabajo que no solo se enseña, se hereda.

  • Desde hace más de 30 años, su vida gira literalmente sobre una bicicleta.

No es cualquier bicicleta. Es su herramienta de trabajo. Una máquina adaptada con una banda que, al girar con el pedaleo constante, da vida a la piedra que devuelve el filo a cuchillos, machetes y herramientas. Cada giro es parte de su sustento.

¿Te imaginas depender de la fuerza de tus propios pies para ganarte la vida todos los días?

Su jornada comienza lejos del bullicio del centro. Desde Salinas Victoria, José toma el camión con rumbo a Monterrey. Su bicicleta lo espera en un pequeño local del Mercado Juárez, donde paga una renta por resguardarla. Desde ahí, arranca su día.

Pedalea por calles que ya conoce de memoria. Busca a sus clientes de siempre: taqueros, fruteros, carniceros, cocineros. Pero también encuentra nuevos rostros cada día. Porque aunque el oficio parece desaparecer, la necesidad sigue ahí: un buen cuchillo siempre hará la diferencia.

En el camino ha tenido accidentes. Caídas, golpes, sustos provocados por autos que pasan demasiado cerca. Y también heridas mientras trabaja, porque afilar implica riesgo. Aun así, nunca ha dejado la bicicleta.

  • Gracias a Dios, de esto vivimos”, dice con una sonrisa que desarma cualquier dureza.
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Trabaja seis días a la semana, desde temprano hasta que el sol empieza a caer. Y aunque sus llantas están desgastadas, a punto de reventar, él sigue adelante. Podría comprar otra bicicleta, sí… pero prefiere aguantar un poco más. Lo dice entre risas, como quien ha aprendido a no rendirse.

¿Qué pasará cuando ya no se escuche ese grito en las calles?

José sabe que su oficio está en peligro de desaparecer. Cada vez son menos los que se dedican a esto. Cada vez son menos los que reconocen ese sonido en la calle.

  • Pero mientras haya alguien que necesite un cuchillo bien afilado, mientras alguien escuche ese llamado y voltee, él seguirá ahí.
  • Más de 60 cuchillos afilados al día, no es cualquier cosa, requiere de experiencia y precisión.

Para José, afilar no es solo un trabajo. Es la forma en la que ha construido su vida.

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