¿Por qué dejamos de cocinar en barro? La tradición que se pierde en Nuevo León
Durante 40 años, Don Ignacio Rosas Barrón ha vendido artículos de barro en el Mercado Juárez. Aunque las ventas ya no son como antes, sus piezas siguen cruzando fronteras.
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Durante 40 años, Don Ignacio Rosas Barrón ha vendido artículos de barro en el Mercado Juárez. Aunque las ventas ya no son como antes, sus piezas siguen cruzando fronteras.
Las cazuelas de barro, los jarros para cocer frijoles y los platos hondos para el pozole ya no se venden como antes entre los compradores locales. Son valoradas por mexicanos que viven fuera del país y por extranjeros que encuentran en el barro un pedazo de México.
Hoy, quienes más los buscan son los mexicanos que viven fuera del país y los extranjeros, atraídos por el sabor, la tradición y el arte que guardan estas piezas hechas a mano.
Cocinar, tomar café o servirse un plato de comida en barro no solo honra a nuestros ancestros y reconoce el trabajo artesanal mexicano; también le da a los alimentos un sabor inigualable.
Sin embargo, Don Ignacio Rosas Barrón reconoce que las ventas han disminuido en comparación con años anteriores.
¿En qué momento dejamos de valorar lo que durante generaciones formó parte de nuestra cocina diaria?
En el Mercado Juárez, pasillo 6, local 193, Don Ignacio lleva cuatro décadas dedicado a la venta de artículos de barro.
El local es conocido como “Los Nachos”, una zona poco concurrida, pero donde siempre llegan clientes por recomendación.
“Aquí no engañamos a la gente”, dice. Sus precios accesibles y la confianza que genera han sido su mejor publicidad.
Quien busca una cazuela grande para guisar hasta ocho kilos de carne, pollo o cabrito, puede encontrarla desde 900 pesos.
Para una familia de cuatro personas, hay cazuelas con tapa desde 280 pesos, y Don Nacho siempre está dispuesto a hacer precio dependiendo de las piezas que se lleven.
¿Cuánto cuesta realmente cocinar con tradición?
Pero en su local no solo hay cazuelas. También vende jarros para cocer frijoles, desde medio kilo hasta dos kilos y medio; platos hondos para pozole, menudo o caldo de res que cuestan apenas 30 pesos; además de tazas, platos pasteleros, jarras, comales y el tradicional molcajete para preparar una buena salsa al estilo mexicano.
Las piezas que ofrece Don Ignacio llegan desde distintos estados del país, como Michoacán, Puebla y Guanajuato. Para él, el barro no es solo un producto, es identidad. Por eso no le sorprende que quienes viven fuera de México valoren más estas piezas.
“Allá se acuerdan de su tierra”, comenta.
¿Qué tal un plato de frijoles cocidos en jarro de barro, un asado de puerco preparado en cazuela y leña, o un café servido en taza de barro que cuesta apenas 30 pesos?
¿Qué sabor tendría México si dejamos de cocinarlo en barro?
Don Nacho es testigo de cómo el tiempo pasa, pero también de cómo la tradición resiste.
Su historia es la de un hombre que durante 40 años ha defendido el trabajo artesanal, esperando que las nuevas generaciones vuelvan a mirar al barro no como algo viejo, sino como un símbolo de lo que somos.
Comprar y promover lo hecho en México es también una forma de preservar nuestra identidad. Y si es barro, mucho mejor.