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El llamado no era cualquiera.
“Pásele, pásele… cómase un taco de morcilla, es gratis”.
Originario de Cadereyta Jiménez, y con más de 30 años dedicado a la elaboración de morcilla —también conocida como moronga—, asegura que la vida le sonríe, pese a la discapacidad que le impide mover las piernas.
¿Quién se resiste a un taco gratis… y a un recuerdo?
En apenas 40 minutos, al menos 20 personas se acercaron, atraídas por el aroma, la curiosidad y la insistente invitación. No fue uno ni dos tacos los que regaló: fueron decenas de pequeñas pruebas que terminaron en algo más grande.
¿Cuántos sabores tienen el poder de regresar a la infancia?
La morcilla, elaborada con sangre coagulada de cerdo, res o cabrito, es un platillo que ha ido desapareciendo de las cocinas. Ya casi no se prepara en casa. Ya casi no se ve en los mercados.
Pero ese día, volvió.
Incluso hubo quienes dudaron. Una pareja observaba desde lejos. Él no se animaba. Fue ella quien lo impulsó. Sabía que ese sabor le pertenecía a su historia.
Y no se equivocó.
Don Francisco no solo atrajo clientes: los hizo recordar a sus madres y abuelas, a esas manos que alguna vez cocinaron ese mismo platillo.
A su lado, su nieto observa, aprende, ayuda. Si todo sale bien, será él quien continúe con el puesto, quien mantenga viva una receta que hoy sobrevive más en la memoria que en los comales.
Porque en este rincón de Apodaca, la morcilla no solo se vendió.