Carlos Chávez de Icaza

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Carlos Chávez de Icaza | México frente a la inteligencia artificial: el riesgo no es perder empleos, sino perder competitividad

México enfrenta una paradoja: mientras la inteligencia artificial avanza, la economía crece a un ritmo insuficiente para aprovechar esta revolución



México enfrenta una paradoja que debería preocupar tanto al gobierno como a los empresarios: mientras la inteligencia artificial avanza a una velocidad sin precedentes y promete transformar la productividad mundial, nuestra economía continúa creciendo a un ritmo insuficiente para aprovechar plenamente esta revolución tecnológica.

El más reciente informe del Banco Mundial, Panorama económico de América Latina y el Caribe: Aprovechando la transición de la IA, publicado en octubre de 2026, presenta cifras que deberían encender las alertas en los consejos de administración, las organizaciones empresariales y las oficinas responsables de diseñar la política económica nacional.

El organismo estima que México crecerá apenas 1.4% en 2026, después de un incremento de 0.5% en 2025. Para 2027 anticipa una expansión de 1.8%, todavía inferior al promedio regional previsto de 2.2% para este año.

Estos números no solamente describen una economía que avanza lentamente. Revelan algo más preocupante: México está llegando a una de las mayores transformaciones productivas de la historia con problemas estructurales que llevan décadas sin resolverse.

Y la inteligencia artificial, por sí sola, no los solucionará.

La tecnología no sustituye a la productividad

Una de las conclusiones más relevantes del Banco Mundial es que América Latina no enfrenta principalmente un problema de acceso a la inteligencia artificial, sino de capacidad para aprovecharla.

Las empresas están incorporando herramientas digitales, pero buena parte de su utilización permanece limitada a redactar documentos, consultar información o automatizar tareas administrativas relativamente sencillas.

Es decir, estamos adoptando tecnología sin necesariamente transformar nuestros modelos de negocio.

La diferencia es fundamental.

Una empresa que utiliza inteligencia artificial para redactar correos puede ahorrar tiempo. Pero aquella que la integra en sus procesos de producción, logística, comercialización, administración financiera y toma de decisiones puede modificar sustancialmente su estructura de costos y su capacidad competitiva.

El verdadero desafío no consiste en tener más herramientas digitales, sino en construir empresas capaces de utilizarlas estratégicamente.

El Banco Mundial identifica una debilidad especialmente relevante para nuestra región: la insuficiencia de capacidades gerenciales, conocimientos técnicos y capital organizacional.

En otras palabras, podemos adquirir tecnología de última generación y continuar administrando nuestras empresas con prácticas del siglo pasado.

Las PyMEs, frente a una nueva brecha competitiva

Para México, esta advertencia tiene implicaciones particularmente importantes.

Nuestra estructura empresarial descansa en millones de micro, pequeñas y medianas empresas que enfrentan limitaciones de financiamiento, capacitación, profesionalización y acceso a tecnologías avanzadas.

La inteligencia artificial podría representar una oportunidad extraordinaria para reducir algunas de esas desventajas. Sin embargo, también podría convertirse en un nuevo factor de concentración económica.

El Banco Mundial advierte que los beneficios de la IA podrían concentrarse en un grupo reducido de empresas altamente productivas, ampliando la distancia respecto de aquellas que carecen de las capacidades necesarias para adoptarla.

El riesgo es evidente: mientras las grandes corporaciones incorporan inteligencia artificial a sus cadenas de suministro, sistemas comerciales y procesos operativos, miles de pequeñas empresas podrían quedar rezagadas, no por falta de acceso a la tecnología, sino por carecer del conocimiento necesario para utilizarla.

Esto obliga a replantear las políticas de apoyo empresarial.

No basta con ofrecer créditos para adquirir software o equipo. Se requieren programas de acompañamiento técnico, capacitación gerencial, transformación de procesos y vinculación tecnológica.

La verdadera política industrial de esta década debe incluir una estrategia nacional para llevar la inteligencia artificial a las PyMEs.

De lo contrario, estaremos construyendo una economía de dos velocidades: una minoría empresarial altamente tecnificada y una mayoría condenada a competir con bajos márgenes, escasa productividad y oportunidades cada vez más limitadas.

Otro de los hallazgos más importantes del estudio se refiere al mercado laboral.

El Banco Mundial estima que el 9.5% de los trabajadores de América Latina y el Caribe desempeña actividades cognitivas rutinarias con una exposición importante a la automatización mediante inteligencia artificial generativa.

Adicionalmente, identifica que el 26.8% de la fuerza laboral regional se encuentra en actividades rutinarias susceptibles de enfrentar, progresivamente, los efectos de la automatización física y la robótica.

Adicionalmente, identifica que el 26.8% de la fuerza laboral regional se encuentra en actividades rutinarias susceptibles de enfrentar, progresivamente, los efectos de la automatización física y la robótica.

Y aquí aparece una de las mayores responsabilidades del sector empresarial.

Durante décadas hemos discutido la necesidad de vincular mejor la educación con las demandas del mercado laboral. Hoy esa discusión adquiere un carácter urgente.

Las empresas necesitarán trabajadores capaces de interactuar con sistemas inteligentes, interpretar información, resolver problemas y adaptarse a procesos productivos en transformación constante.

El reto ya no será solamente formar profesionales con conocimientos especializados, sino desarrollar capacidades para aprender y reinventarse permanentemente.

Las organizaciones empresariales, las universidades y el gobierno deberían construir una agenda conjunta de reconversión laboral antes de que la transformación tecnológica termine imponiendo sus costos sociales.

Esperar a que desaparezcan ocupaciones para comenzar a capacitar trabajadores sería repetir uno de los errores más frecuentes de nuestra política económica: reaccionar cuando las oportunidades ya se perdieron.

Esperar a que desaparezcan ocupaciones para comenzar a capacitar trabajadores sería repetir uno de los errores más frecuentes de nuestra política económica: reaccionar cuando las oportunidades ya se perdieron.

México tiene una ventaja estratégica indiscutible: su integración comercial con América del Norte, su posición geográfica y una base manufacturera construida durante décadas.

Sin embargo, sería un error suponer que estas condiciones garantizan automáticamente nuestra participación en las nuevas cadenas globales de valor.

La relocalización industrial está evolucionando. Las empresas internacionales ya no solamente buscan proximidad geográfica, menores costos laborales o facilidades logísticas. También requieren proveedores tecnológicamente capaces, procesos automatizados, infraestructura digital y talento especializado.

La competitividad del futuro dependerá cada vez menos de ofrecer mano de obra relativamente barata y cada vez más de generar valor agregado.

La competitividad del futuro dependerá cada vez menos de ofrecer mano de obra relativamente barata y cada vez más de generar valor agregado.

Por eso, la inteligencia artificial debe formar parte central de la conversación sobre la revisión del T-MEC, la atracción de inversión extranjera y el fortalecimiento de las cadenas de suministro regionales.

No podemos aspirar a convertirnos en una plataforma industrial estratégica de Norteamérica mientras una parte importante de nuestro aparato productivo permanece al margen de la transformación tecnológica.

El nearshoring puede atraer fábricas. Pero solamente la productividad, la innovación y el talento permitirán convertir esa inversión en desarrollo económico sostenido.

El gobierno también tiene una responsabilidad

El Banco Mundial plantea otra conclusión que merece atención: los gobiernos deben convertirse en facilitadores de la transición tecnológica, no necesariamente en desarrolladores de costosos sistemas propios de inteligencia artificial.

Para México, esto significa priorizar infraestructura digital, interoperabilidad de bases de datos, ciberseguridad, modernización administrativa y condiciones que favorezcan la inversión privada.

Pero también implica ofrecer certeza jurídica, reglas claras y políticas públicas consistentes.

Ninguna revolución tecnológica puede alcanzar todo su potencial en un entorno donde las decisiones de inversión enfrentan incertidumbre regulatoria, costos elevados o dificultades para planear a largo plazo.

La inteligencia artificial no elimina la necesidad de instituciones sólidas. Por el contrario, incrementa su importancia.

De poco servirá promover centros de datos, automatización industrial o nuevos desarrollos tecnológicos si no contamos con infraestructura energética suficiente, conectividad confiable y capital humano preparado.

La modernización tecnológica debe acompañarse de una modernización institucional.

La oportunidad que México no puede desperdiciar

El mensaje central del Banco Mundial es contundente: América Latina tiene una oportunidad histórica para utilizar la inteligencia artificial como un nuevo motor de productividad, pero también enfrenta el riesgo de profundizar sus desigualdades económicas.

En México deberíamos interpretar esta advertencia como un llamado a la acción.

No necesitamos competir inmediatamente con las grandes potencias en el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial más sofisticados. Necesitamos algo más cercano, viable y económicamente trascendente: conseguir que nuestras empresas utilicen estas herramientas para producir mejor, reducir costos, innovar y conquistar nuevos mercados.

Esto exige una agenda empresarial que trascienda el entusiasmo tecnológico y se traduzca en decisiones concretas de inversión, capacitación y transformación organizacional.

Los consejos de administración deberían preguntarse cuánto están invirtiendo en capacidades digitales, qué procesos pueden transformar, cómo están preparando a sus trabajadores y qué ventajas competitivas esperan construir durante los próximos cinco años.

Y el gobierno debería preguntarse qué condiciones está generando para que esa transformación alcance también a las empresas pequeñas y medianas.

Porque el mayor peligro para México no es que la inteligencia artificial sustituya determinadas actividades humanas.

El verdadero peligro es que otras economías aprendan a producir más, mejor y a menor costo, mientras nosotros continuamos discutiendo si debemos adoptar una tecnología que ya está cambiando las reglas de la competencia mundial.

México todavía tiene tiempo para aprovechar esta transición, pero la ventana de oportunidad no permanecerá abierta indefinidamente.

La inteligencia artificial puede convertirse en el gran acelerador de nuestra productividad o en el factor que profundice nuestro rezago económico.

La diferencia no la determinarán los algoritmos.

La determinarán las decisiones empresariales y las políticas públicas que tomemos hoy.

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