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Yo soy Carolina Hernández y esto es Sin Esdrújulas, tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo y luego tú me ves leer pero hoy además quiero que te sientes y me escuches con mucho cuidado. Hoy quiero que platiquemos de una forma de amor que no es fácil de entender. La que vive en el adiós.
Pero quiero ir más allá de ese adiós romántico que deja ir lo que no nos hace bien, no. Hablo del amor que deja ir lo que más bien nos hace: nuestros animales de compañía.
Te cuento. Una amiga tiene una perrita que sufre convulsiones. Las controlaron por años con medicamentos pero ya no es posible. Su condición es tan mala que hay días que prácticamente se la pasa convulsionando. Es horrible. Es doloroso. Es triste.
Pero mi amiga, la ama con esa locura con la que amamos a esos seres que nos acompañan en todas nuestras versiones. La ama y no quiere soltarla. Piensa que en cualquier momento llegará una nueva medicina que volverá a hacer que su perrita correr en el jardín.
Piensa que si se esfuerza suficiente, si busca otro tratamiento, otro especialista, otra alternativa, quizá consiga devolverle la vida que tenía. Piensa que no tiene derecho a decidir sobre la vida de ese ser increíble que le ha dado tanta felicidad. Y sí, podemos discutir mucho sobre si tenemos o no derecho a decidir sobre la existencia de otro ser vivo.
Podemos hablar de nuestra responsabilidad moral, pero no quiero entrar ahí. Quiero que intentemos verlo desde otro lado. Quiero preguntarnos si, cuando amamos tanto a un animal, queremos mantenerle vivo para él o para nosotras.
Porque pensar en ellos no es solo pensar cuánto tiempo más puede vivir si no ¿cómo está viviendo? La calidad de vida puede y debe evaluarse observando cosas tan concretas como dolor, movilidad, alimentación, hidratación, higiene, interacción, felicidad y funcionamiento mental. Y esto importa porque nosotros tenemos una tendencia bastante humana a confundir vida con supervivencia.
Si respira, está vivo. Si come, está vivo. Si todavía mueve la cola de vez en cuando, está vivo. Pero un cuerpo vivo no necesariamente significa una vida que todavía pueda ser habitada con bienestar y sobre todo, con dignidad. Eutanasia, literalmente significa "buena muerte".
Y quizá hemos dejado que la palabra se convierta en algo horrible porque nos obliga a mirar de frente aquello que más queremos evitar, dejarles ir.
Pero estamos dispuestas a obligarles a atravesar el peor día de sus vidas solamente porque todavía no estamos listas para atravesar el nuestro?
Porque quizá la parte más difícil de amar a un animal hasta el final consiste en descubrir cuánto de nuestra resistencia a dejarlo ir tiene que ver con él... y cuánto tiene que ver con nosotras. Tú qué piensas? cuéntame.