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Carolina Hernández: ¿Por qué los bolsillos de los pantalones de mujer son más pequeños? La razón va más allá de la moda

Los bolsillos parecen un detalle de la ropa, pero su tamaño revela una historia de desigualdad, diseño y autonomía que todavía persiste.


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Yo soy Carolina Hernández y esto es Sin Esdrújulas, tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo y luego tú me ves leer porque si lo escribiera en un papel y te lo diera, quizá no te cabría en los bolsillos del pantalón… a menos claro, que uses pantalones de hombre.

Sí, hoy quiero que hablemos de los bolsillos del pantalón, porque parece poca cosa, parece insignificante, frívolo, pero creéme. No lo es.

Cualquier mujer sabe de qué estoy hablando.
Compras un pantalón, metes la mano y descubres que el bolsillo termina antes de empezar.

Pero primero, un poquito de historia:
Desde el Renacimiento, la ropa masculina europea comenzó a incorporar bolsillos cosidos en abrigos, chalecos y pantalones.
Las mujeres, en cambio, usaban unas bolsas separadas, atadas a la cintura y ocultas bajo las faldas.

Con los cambios en la moda, las faldas se hicieron más estrechas y aquellos grandes bolsillos dejaron de caber debajo de la ropa. Llegaron entonces pequeños bolsos de mano y prendas en las que el espacio útil fue cediendo terreno frente a la silueta.

Es decir, la ropa de las mujeres fue diseñada para verse bien, mientras la ropa de los hombres siguió diseñada para moverse por el mundo con las manos libres.

Hoy en día la cosa no ha cambiado mucho.

En 2018, el sitio de periodismo visual The Pudding midió los bolsillos frontales de 80 pares de jeans de 20 marcas populares.

El resultado fue lo que ya sabemos, pero más preciso.
En promedio, los bolsillos frontales de los jeans de las mujeres son 48% más cortos y 6.5% más reducidos que los bolsillos de los hombres.

Y sí, un bolsillo parece un detalle menor hasta que pensamos qué representa.

Porque parece una historia sobre bolsillos, pero en realidad, es una historia sobre libertad y autonomia.

Un bolsillo permite llevar dinero sin cargar una bolsa. Guardar las llaves sin pedirle ayuda a nadie. Caminar, correr, trabajar o viajar con las manos libres.

Esto no es una historia sobre ropa, es una historia sobre desigualdad estructural.

Porque el diseño nunca es neutral.
Diseñar algo también significa imaginar quién va a usarlo, qué necesita hacer y cuánto espacio merece ocupar.

Durante siglos, la ropa masculina partió de una idea muy simple: los hombres tienen cosas que hacer, lugares a los cuales ir y objetos importantes que cargar.
La ropa femenina partió demasiadas veces de otra: las mujeres tienen una figura que cuidar y una apariencia que mostrar.

Hasta los bolsillos falsos dicen algo.
Parecen útiles, pero no lo son.

Están ahí para conservar la apariencia de una prenda, sin concedernos el espacio.
Y quizá eso explica por qué cuando encuentras un vestido con bolsas haces fiesta… seguro te ha pasado.
Y es que no celebramos un pedazo de tela. Celebramos que, por una vez, alguien diseñó pensando que además de vernos kermozas, tenemos dinero, teléfonos, pendientes, trabajo y una vida que cargar.

Porque la autonomía también necesita un lugar donde guardar las llaves.

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