Resumen y análisis automáticos realizados con Inteligencia Artificial
Tiempo de lectura:
—
¿Fue útil este resumen?
Este resumen y su análisis fueron generados con apoyo de Inteligencia
Artificial.
Aunque buscamos ofrecer claridad y precisión, pueden existir errores, omisiones
o
interpretaciones inexactas. Úsalo como guía rápida y consulta
la
nota completa para obtener el contexto completo.
Desarrollado por SACS
IA
Hoy quiero que hablemos del algoritmo. Ese que dice conocerte… pero en realidad solo te repite.
Porque sí, parece magia. Abres una app y ahí está: lo que te gusta, lo que piensas, lo que te interesa.
Videos, noticias, canciones, opiniones. Todo “a tu medida”.
Ay, lo mucho que te conoce el algoritmo.
Pero no. Lamento decírtelo, pero el algoritmo no te conoce. Te calcula. No entiende quién eres. No te topa, pero detecta patrones de lo que haces de cuánto tiempo te quedas, de qué repites, de qué te hace reaccionar.
Y con eso construye una versión de ti. Pero no eres tú. Es tu historial.
Lo que ves en redes no te muestra lo que te podría cambiar tu forma de pensar o de actuar, te muestra lo que te confirma. Porque su objetivo no es que pienses mejor. Es que te quedes más tiempo.
Pero además, el algoritmo no te entiende.
Te mide.
Y con eso construye una versión de ti lo suficientemente predecible…
como para influir en lo que crees que decides.
Por ejemplo, una investigación de la revista de ciencia Nature detalló que, por ejemplo, el feed algorítmico de Twitter tiende a impulsar más contenido relacionado con ideologías de derechas lo que
inclina percepciones políticas y aumenta la polarización.
Es decir, no solo te muestran lo que te gusta, también inclina la balanza.
Investigaciones sobre redes como Facebook e Instagram han documentado algo que suena técnico pero es bastante simple: “cámaras de eco”.
Espacios donde ves una y otra vez ideas similares a las tuyas, hasta que parece que esas son las únicas versiones posibles del mundo.
Y claro, mientras más interactúas, más estrecho se vuelve ese círculo. Porque el algoritmo aprende rápido. Pero no aprende de ti. Aprende de lo que haces cuando estás distraída, cansada, enojada o aburrida.
Aprende de tus impulsos, no necesariamente de tus valores.
Y entonces la pregunta ya no es si el algoritmo te conoce… sino qué puedes hacer para confundirlo.