Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

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España y Argentina: Dos estilos de poder

El Mundial terminó, pero la final entre Argentina y España dejó una reflexión que va más allá del fútbol sobre talento, disciplina, instituciones y la forma en que México enfrenta sus propios desafíos.



Se acabó el Mundial. Durante poco más de un mes millones de personas dejamos de hablar, aunque fuera por momentos, de inseguridad, polarización, economía o crisis. El fútbol hizo nuevamente lo que la política pocas veces consigue: unir a un país entero alrededor de una misma emoción.

Pero, como ocurre con los grandes acontecimientos, la verdadera enseñanza llegó al final.

La final entre Argentina y España no solo enfrentó a dos extraordinarias selecciones. También puso frente a frente dos formas muy distintas de entender el éxito.

Argentina posee un talento extraordinario. Nadie puede discutir la calidad de sus futbolistas. Sin embargo, buena parte de su apuesta estuvo basada en esa vieja cultura latinoamericana de sacar ventaja donde sea posible: el choque permanente, la protesta, la picardía, la trampa inteligente, la famosa “viveza”. Esa habilidad que muchas veces sirve para ganar un partido… pero que pocas veces construye una era.

España ofreció algo diferente. Más allá del resultado, mostró disciplina, orden, institucionalidad, respeto por un modelo de juego y una convicción inquebrantable de mantenerse fiel a su estilo. No buscó atajos. Confió en un proyecto construido durante muchos años.

Y ahí está la verdadera diferencia.

En América Latina solemos enamorarnos de la solución rápida. Del golpe de suerte. Del líder que promete resolverlo todo en seis meses. Del funcionario que presume ocurrencias en lugar de políticas públicas. Del ciudadano que busca cómo brincarse la fila porque “todos lo hacen”. Vivimos muchas veces atrapados en la lógica de la inmediatez.

Europa, con todos sus problemas, entendió hace décadas que las grandes transformaciones nacen de instituciones fuertes, reglas claras y proyectos que sobreviven a las personas.

Ese contraste también explica buena parte de nuestras diferencias como sociedades.

México necesita dejar de apostar por el corto plazo. Necesita construir instituciones que funcionen sin importar quién gobierne, fortalecer el Estado de derecho, recuperar la cultura del mérito y entender que la disciplina colectiva produce mejores resultados que la improvisación permanente.

No se trata de copiar a España ni de renunciar a nuestra identidad latinoamericana. Se trata de rescatar lo mejor de nuestra pasión, creatividad y capacidad de adaptación, pero acompañarlas de orden, responsabilidad y visión de largo plazo.

Porque los países exitosos no se construyen a partir de la ocurrencia del sexenio ni de la campaña electoral en turno. Se construyen con generaciones enteras convencidas de que vale más respetar las reglas que encontrar la manera de romperlas.

Quizá esa sea la mayor lección que nos dejó este Mundial.

La excelencia no siempre la consigue quien tiene más talento. Casi siempre la alcanza quien convierte la disciplina en cultura, las instituciones en fortaleza y la visión de largo plazo en una forma de vivir.

Ojalá algún día entendamos que esa también es la verdadera final que México tiene pendiente.

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