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Del FOMO al JOMO

Explora el FOMO y el JOMO, el miedo a quedarse fuera y el placer de no estar en la conversación digital.

Miedo a quedarnos fuera de cualquier gesto colectivo que parece definir el presente. Foto: POSTA.
Miedo a quedarnos fuera de cualquier gesto colectivo que parece definir el presente. Foto: POSTA.

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Hola qué tal, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo y luego tú me ves leer porque no quieres que te de FOMO.

Si tú como yo, eres una persona de cierta edad usando internet y no tienes idea de qué es el FOMO, te cuento que la chaviza hizo popular este acronimo del fear of missing out, o sea, el miedo a quedarnos fuera. Fuera de la conversación, fuera de la tendencia, fuera del acontecimiento…

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El modo parche

  • Miedo a quedarnos fuera de cualquier gesto colectivo que parece definir el presente.

El FOMO es una pedagogía que nos enseñó que no estar era perder, que el silencio era atraso, que mirar sin decir nada equivalía a no existir.

El impacto del FOMO en nuestra salud mental y bienestar

La ciencia cognitiva lo describe como fatiga de decisión: demasiados estímulos, demasiadas opiniones, demasiadas micro-urgencias.

El FOMO nos agota.

Pero para todo mal hay un remedio.

Te presento al JOMO (joy of missing out), el placer de no estar.

El gozo intenso de perderse algo sin culpa.

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¿Qué hacemos con los odiadores?

No como retiro espiritual en Tulum ni con superioridad moral, sino como gesto mínimo de autonomía. No es que de repente nos pasemos a la desconexión y mucho menos que neguemos las condiciones materiales que nos empujan a estar siempre presentes.

El JOMO no es una desaparición. Es curaduría radical.

Es pasar del “tengo que decir algo” al “¿vale la pena decirlo aquí, ahora, así?”.

La transición del FOMO al JOMO: un acto de amor propio

El FOMO nos entrenó para reaccionar; el JOMO exige criterio. Y el criterio siempre es incómodo porque implica renunciar a la urgencia. Renunciar a opinar de todo es aceptar que no toda conversación nos necesita y, más aún, que no toda opinión nos representa.

Y te lo digo Juan para que lo entiendas Pedro. Yo me dedico a opinar y no estar en la conversación implica perder visibilidad, y eso tiene costos. Pero aún así, todos los días reconfiguro mi presencia. No siempre con éxito, pero siempre con la claridad de que no todos mis pensamientos necesitan audiencia.

Y sobre todo, que lo que soy no se valida por mi rendimiento público.

El JOMO no es ausencia: es soberanía en un entorno que castiga el silencio.

El JOMO no es un acto político menor. Sí, tampoco es una revolución que va a tumbar plataformas ni algoritmos.

Pero en un ecosistema que vive de nuestra atención constante, elegir no reaccionar es un posicionamiento.

Del FOMO al JOMO no se pasa de golpe ni por voluntad plena, una va y vuelve entre ellos todo el tiempo.

Pero cuando ruido deja de convencernos, cuando la urgencia se vuelve agotadora y cuando entendemos que no llegar a todo todo el tiempo no es un fracaso personal, sino un acto de amor propio, todo se vuelve más fácil.

Porque tal vez y solo tal vez, el verdadero placer de perdernos algo no está en lo que evitamos ver, sino en recuperar la capacidad de elegir qué sí merece nuestra voz.

Y, sobre todo, cuándo el silencio es más honesto que la opinión.

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El punto incómodo

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