Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

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Hugo Ontiveros: ¿En qué se parecen Rafa Márquez y Claudia Sheinbaum?

Márquez asume la dirección de la Selección Nacional tras Aguirre, mientras Sheinbaum enfrenta su propio desafío político



Debo comenzar con una confesión futbolera: tengo una profunda admiración por Rafael Márquez Álvarez. Para mí es el segundo mejor futbolista mexicano de la historia, solamente detrás de Hugo Sánchez. Y aunque soy madridista precisamente por Hugo, pocas cosas disfruté tanto como ver a Rafa triunfar con la camiseta del Barcelona.

Jugué como defensa central inspirado en él. En su elegancia para salir jugando, en su liderazgo, en esa capacidad para imponer respeto sin necesidad de hacer demasiado ruido. Porque Rafa nunca fue un futbolista de aspavientos. Fue un líder silencioso.

Y justamente ahí comienza esta columna.

¿Qué tienen que ver Rafael Márquez y Claudia Sheinbaum?

Más de lo que parece.

México acaba de cerrar la era de Javier Aguirre al frente de la Selección Nacional y comienza una nueva etapa con Márquez. Aguirre dejó el cargo después del Mundial de 2026 y Rafa asumío un proyecto que desde años atrás había sido pensado como una transición rumbo a 2030.

El "Vasco" es todo un personaje.

Entiende la prensa. Entiende al futbolista mexicano. Entiende el vestidor y, sobre todo, entiende a la tribuna. Es dicharachero, irreverente, provocador, de barrio. Puede bromear, levantar la voz, mentar madres y después sentarse frente a una conferencia de prensa como si nada hubiera ocurrido.

Aguirre conecta.

Y eso, en el fútbol y en la política, vale muchísimo.

Rafa Márquez es prácticamente lo contrario.

Serio. Reservado. Técnico. Disciplinado. Mucho menos estridente.

Como jugador, varios de esos atributos lo convirtieron en capitán de México en cinco Copas del Mundo y en una de las figuras mexicanas más importantes del fútbol europeo.

Como entrenador, sin embargo, comienza otra historia. Su experiencia previa incluye al Barcelona B y su paso como auxiliar de Aguirre antes de asumir a la Selección.

Porque una cosa es ser un extraordinario futbolista y otra muy diferente ser un extraordinario entrenador.

Y entonces llegamos a la política.

Algo parecido enfrenta Claudia Sheinbaum.

Andrés Manuel López Obrador fue, durante décadas, un político de tribuna.

Entendía el lenguaje popular, los tiempos de los medios y la confrontación política. Construyó una forma personalísima de comunicación que difícilmente puede ser replicada por cualquier sucesor.

Sheinbaum tiene otro estilo.

Es más técnica, más estructurada y menos estridente. Su reto no necesariamente consiste en convertirse en López Obrador, sino en conseguir que ese estilo propio genere una conexión política igualmente reconocible.

Ahí encuentro el paralelismo con Rafa Márquez.

A Rafa tampoco le sirve intentar convertirse en Javier Aguirre.

Su gran desafío será demostrar que se puede dirigir a México sin ser el 'Vasco'; que el liderazgo también puede ejercerse desde la disciplina, la táctica, el orden y una personalidad mucho más sobria.

Pero existe una dificultad adicional.

En México no basta con dirigir.

Hay que comunicar.

En política puedes tener buenos resultados, pero si no consigues explicarlos, alguien más construirá la narrativa por ti. En el fútbol puedes preparar extraordinariamente un partido, pero después tendrás que soportar una conferencia de prensa, las críticas, las portadas, las redes sociales y a millones de aficionados que llevan un director técnico dentro.

Por eso creo que el verdadero examen para Rafa Márquez estará tanto dentro como fuera de la cancha.

La Federación le entregó un proyecto con continuidad y una Selección que, bajo Aguirre, consiguió en 2026 ganar por primera vez en 40 años un partido de eliminación directa en un Mundial. Rafa recibe una base sobre la cual tendrá que construir su propia etapa.

Y quizás ahí está también la lección política.

Los sucesores siempre cargan con la sombra de quien estuvo antes.

A Claudia Sheinbaum inevitablemente la compararán con López Obrador.

A Rafael Márquez inevitablemente lo compararán con Javier Aguirre.

Pero llegará un momento en que ambos tendrán que dejar de administrar una herencia y comenzar a construir una identidad propia.

Porque el liderazgo heredado dura poco.

Después vienen los resultados.

Y como ocurre en Palacio Nacional, tarde o temprano llega el momento en que ya no basta con recordar quién te entregó el gafete.

Y como ocurre en Palacio Nacional, tarde o temprano llega el momento en que ya no basta con recordar quién te entregó el gafete.

Hay que demostrar qué haces cuando finalmente lo tienes puesto.

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