Hugo Ontiveros
La esfera política
Por: Hugo Ontiveros

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Hugo Ontiveros: ¿La CNTE en zona de descenso?

Durante décadas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha sido el grupo rebelde del magisterio mexicano.



Durante décadas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha sido el grupo rebelde del magisterio mexicano. Nació en los años setenta como una corriente opositora al sindicalismo tradicional y poco a poco se convirtió en una de las organizaciones de presión más poderosas del país.

Su capacidad de movilización, de paralizar ciudades enteras y de poner en aprietos a gobiernos de todos los colores la convirtió en un actor político de enorme relevancia. Pero hoy, en pleno 2026, pareciera que la CNTE enfrenta uno de los momentos más complejos de su historia reciente.

Llevamos ya varios días observando cómo distintas regiones del país han visto afectada su actividad cotidiana por bloqueos, plantones y manifestaciones. Escuelas cerradas, oficinas paralizadas, carreteras bloqueadas y miles de ciudadanos enfrentando dificultades para realizar actividades tan simples como trasladarse a su trabajo o realizar un trámite.

La principal exigencia de la Coordinadora sigue siendo la derogación de la Ley del ISSSTE. Y aquí es donde comienza el verdadero conflicto político.

Durante la campaña presidencial abundaron los videos y discursos donde la entonces candidata Claudia Sheinbaum asumía compromisos con el magisterio y hablaba de revisar a fondo dicha legislación. Hoy, desde el gobierno, la realidad es distinta. La presidenta ha sido clara: no habrá derogación y tampoco habrá una negociación ilimitada con la Coordinadora.

Lo interesante no es únicamente el desacuerdo. Lo interesante es la estrategia.

El gobierno federal ha jugado esta partida con una enorme dosis de cálculo político. Durante semanas evitó la confrontación directa. A pesar de que se bloquearon vías federales, instalaciones públicas y espacios estratégicos, no recurrió al uso de la fuerza pública.

Y no fue casualidad.

Cualquier acción represiva habría convertido automáticamente a la CNTE en víctima. Habría generado imágenes, narrativas y discursos que podrían fortalecer a un movimiento que históricamente ha sabido capitalizar la confrontación con el Estado. La apuesta del gobierno fue otra: dejar que el desgaste hiciera el trabajo.

Mientras la ciudadanía comenzaba a molestarse por las afectaciones, el gobierno evitó proporcionar a la Coordinadora el combustible político que normalmente obtiene cuando es reprimida.

Hoy la presidenta ya anunció que no atenderá personalmente a los dirigentes. El mensaje es claro: el gobierno considera que la correlación de fuerzas ha cambiado.

Y aquí aparece otro elemento importante.

A diferencia de otros momentos históricos, hoy la CNTE no parece tener el mismo nivel de respaldo político que tuvo durante años. Morena utilizó durante mucho tiempo la cercanía con diversos sectores del movimiento magisterial como parte de su construcción política. Sin embargo, una vez en el poder, las prioridades cambian y las alianzas también.

Mientras tanto, el sindicalismo institucional, representado por el SNTE, mantiene una relación mucho más estable con el gobierno federal. No es casualidad. El SNTE históricamente ha entendido que la sobrevivencia política pasa por mantener canales abiertos con quien ejerce el poder.

La CNTE, en cambio, apostó por la confrontación permanente.

Y cuando una estrategia deja de generar resultados, los primeros que comienzan a cuestionarla son los propios líderes.

Por eso no sería extraño que en los próximos meses veamos un desgaste acelerado de algunos liderazgos estatales de las respectivas secciones estatales de la Coordinadora. Cuando las movilizaciones no consiguen los objetivos planteados, la inconformidad interna suele aparecer con rapidez.

La pregunta no es si la CNTE seguirá existiendo.

La pregunta es si seguirá teniendo la capacidad de influencia que durante años la convirtió en uno de los actores más temidos de la política mexicana.

Porque en política, como en el fútbol, hay equipos que durante décadas juegan en primera división. Pero cuando dejan de ganar partidos, pierden respaldo de la afición y ya no intimidan a sus rivales, inevitablemente comienzan a mirar hacia abajo.

Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, la Coordinadora parece estar observando de cerca la tabla del descenso.


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