Alerta sísmica: ¿por qué suena tan fuerte y por qué ese sonido nos asusta tanto?
El sonido de una alarma no está diseñado para ser agradable, su intensidad y sus características acústicas buscan que el cerebro lo detecte y le preste atención de inmediato.
Alerta sísmica: ¿por qué suena tan fuerte y por qué ese sonido nos asusta tanto? Foto: POST-IA.
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Y eso no ocurre por casualidad, las alarmas están diseñadas precisamente para llamar nuestra atención, incluso cuando estamos concentrados en otra cosa. Algunas de sus características acústicas pueden provocar una sensación desagradable o de urgencia porque nuestro cerebro las procesa de una manera distinta a sonidos más suaves y continuos.
Esto volverá a ser evidente el sábado 19 de septiembre, cuando se realice el Segundo Simulacro Nacional 2026 a las 12:00 horas, tiempo del centro de México.
El ejercicio convocado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Coordinación Nacional de Protección Civil contempla cinco hipótesis de sismo para distintas regiones del país y busca poner a prueba la preparación y capacidad de respuesta ante una emergencia.
Pero mientras llega el simulacro, hay una pregunta que probablemente muchas personas se han hecho al escuchar una alerta, ¿por qué tiene que sonar así? ¿Por qué es tan fuerte, repetitiva y hasta incómoda? La respuesta está, en buena medida, en la forma en que nuestro cerebro interpreta determinados sonidos.
¿Por qué la alerta sísmica tiene que sonar tan fuerte?
La primera razón es bastante sencilla, una alarma que no se escucha no cumple su función.
Una alerta debe ser capaz de llamar la atención de una persona que está conversando, viendo televisión, cocinando, trabajando, caminando por la calle o incluso realizando otra actividad que demande buena parte de su atención.
Por eso, los sistemas de alarma no buscan producir un sonido bonito o agradable; su objetivo es generar una señal que destaque claramente sobre el resto de los sonidos del ambiente.
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Una alarma también utiliza patrones de sonido que cambian rápidamente y se repiten, características que ayudan a que el estímulo sea difícil de pasar por alto.
La investigación científica ha encontrado que esas variaciones rápidas pueden hacer que un sonido se perciba como particularmente áspero o “rugoso”.
De hecho, un estudio publicado en Nature Communications en 2019 analizó justamente este fenómeno. Los investigadores de la Universidad de Ginebra y los Hospitales Universitarios de Ginebra estudiaron cómo responde el cerebro ante sonidos con diferentes velocidades de repetición y encontraron que los sonidos percibidos como más ásperos resultaban especialmente desagradables y llamativos.
Foto: NotebookLM.
La investigación no dice que todas las alarmas tengan exactamente el mismo sonido ni que exista un único nivel de volumen que deba utilizarse; lo que muestra es que ciertas características acústicas pueden hacer que una señal sea mucho más difícil de ignorar.
Y ahí aparece una palabra clave: roughness, que en español puede traducirse como rugosidad o aspereza acústica.
¿Qué es la “rugosidad” de un sonido y por qué nos pone en alerta?
Aunque pueda sonar como un concepto muy técnico, es algo que probablemente todos hemos experimentado.
Piensa en la diferencia entre una nota musical sostenida y un sonido que parece vibrar, raspar o repetirse rápidamente; el segundo puede sentirse mucho más incómodo, aunque ambos tengan un volumen parecido.
En el trabajo “The rough sound of salience enhances aversion through neural synchronisation”, publicado en Nature Communications, Luc H. Arnal, Andreas Kleinschmidt, Laurent Spinelli, Anne-Lise Giraud y Pierre Mégevand analizaron cómo el cerebro procesa sonidos con modulaciones rápidas de amplitud, dentro de un rango de aproximadamente 30 a 150 Hz.
Los científicos observaron que los sonidos “rugosos” no solamente activaban las zonas relacionadas con la audición. También sincronizaban redes cerebrales más amplias relacionadas con la saliencia, es decir, con la capacidad de identificar algo como especialmente relevante y digno de atención.
En otras palabras, el cerebro no procesa ese sonido simplemente como “algo que estoy oyendo”; sino como “esto importa; préstale atención”.
La investigación encontró además que esa respuesta estaba relacionada con redes vinculadas con la aversión, por eso ciertos sonidos pueden sentirse incómodos, irritantes o incluso alarmantes aunque sepamos perfectamente que no representan un peligro inmediato.
Los investigadores encontraron que la sensación de aspereza era especialmente marcada cuando las repeticiones del sonido se encontraban dentro de determinadas velocidades.
En otro análisis de los mismos investigadores, los sonidos entre aproximadamente 40 y 80 Hz fueron percibidos como particularmente intolerables por los participantes, mientras que por encima de unos 130 Hz las repeticiones comenzaban a percibirse más como un sonido continuo.
Por eso una alarma no necesita únicamente ser “fuerte”, también puede aprovechar determinadas características temporales del sonido para conseguir que el cerebro la detecte rápidamente.
Foto: Canva.
¿Qué pasa en el cerebro cuando escuchamos una alarma?
Cuando escuchamos un sonido cotidiano, como música, una conversación o el ruido de un ventilador, nuestro cerebro puede procesarlo dentro de los circuitos habituales de la audición.
Pero algunos sonidos particularmente ásperos generan una respuesta más amplia.
El estudio de Arnal y sus colegas utilizó registros intracraneales de actividad cerebral y encontró que los sonidos rugosos no se limitaban a activar regiones auditivas: también involucraban áreas corticales y subcorticales relacionadas con la saliencia y la aversión.
Entre las estructuras implicadas estuvieron regiones como la amígdala, el hipocampo y la ínsula; esto ayuda a explicar por qué una alarma puede producir una reacción tan inmediata.
Antes de que tengas tiempo de pensar conscientemente “ah, es el simulacro”, el sonido ya consiguió algo fundamental, que es sacarte de lo que estabas haciendo y hacer que le prestaras atención.
No significa que el cerebro esté concluyendo automáticamente que existe un desastre; significa que el estímulo tiene características capaces de aumentar su relevancia perceptiva.
¿Por qué los sonidos de alarma se parecen a un grito?
En un estudio publicado en Current Biology, investigadores analizaron las características acústicas de los gritos humanos y encontraron que la rugosidad acústica también aparece en señales naturales de alarma y en alarmas artificiales.
Los gritos, además, presentan características que los hacen difíciles de predecir e ignorar. En el estudio, los investigadores encontraron que incorporar rugosidad a sonidos artificiales también incrementaba la percepción de que eran alarmantes.
Foto: Canva.
Esto no significa que las alarmas sean literalmente “gritos electrónicos”, pero sí comparten determinadas características acústicas que nuestro sistema auditivo puede interpretar como señales que requieren atención.
Puedes estar de espaldas a la fuente, con los ojos cerrados o concentrado en otra actividad y, aun así, escuchar una alarma; por eso el sonido es una herramienta tan poderosa para advertir de un peligro.
¿Qué pasará con la alerta sísmica durante el simulacro del 19 de septiembre?
Todo esto podrá comprobarse nuevamente el sábado 19 de septiembre de 2026, cuando México realice el Segundo Simulacro Nacional.
El ejercicio se llevará a cabo a las 12:00 horas, tiempo del centro de México, y participarán las 32 entidades federativas. El Gobierno de México estableció cinco hipótesis sísmicas diferentes para representar distintos escenarios regionales.
En el caso de la zona noreste, donde se encuentra Nuevo León, la hipótesis contempla un sismo de magnitud 5.2 con epicentro a 8 kilómetros al oeste de Allende, Nuevo León, y una profundidad de 10 kilómetros. El escenario también contempla a Aguascalientes, Coahuila, Durango, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas.
Las cinco hipótesis establecidas para este ejercicio son:
Zona Centro: magnitud 7.7, con epicentro a 15 kilómetros al suroeste de Tehuacán, Puebla.
Zona Noroeste: magnitud 7.1, con epicentro a 26 kilómetros al sureste de Mexicali, Baja California.
Zona Noreste: magnitud 5.2, con epicentro a 8 kilómetros al oeste de Allende, Nuevo León.
Península de Yucatán: magnitud 7.0, con epicentro a 110 kilómetros al noreste de Cabo Catoche, Quintana Roo.
Golfo de Tehuantepec: magnitud 7.6, con epicentro a 75 kilómetros al suroeste de Tonalá, Chiapas.
Foto: Canva.
La propia plataforma oficial del simulacro señala que los escenarios fueron seleccionados considerando la actividad sísmica observada, antecedentes comparables y la cobertura territorial necesaria para poner a prueba la coordinación regional.
Y si el próximo 19 de septiembre la alerta te provoca ese pequeño sobresalto antes de que recuerdes que se trata de un simulacro, hay una explicación científica detrás, ese sonido no fue creado para pasar desapercibido; fue creado para que tu cerebro lo escuche, lo considere relevante y te haga reaccionar.