Carolina Hernández: La Ley de Brandolini, por qué una mentira es más fácil de crear que de desmentir
La Ley de Brandolini sostiene que desmentir una mentira requiere mucho más esfuerzo que inventarla, una dinámica que favorece la desinformación en la era digital.
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No te ataques, te voy a explicar. Hace poquito me topé con un video en donde hablaban del “principio de la asimetría de la estupidez”.
La formulación más conocida de este principio es que “la cantidad de energía necesaria para refutar una tontería es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirla”.
O sea, decir algo falso, simplista o engañoso es rapidísimo. Desmentirlo exige tiempo, datos, contexto, evidencia y paciencia.
Si alguien te dice que con las vacunas te inyectan microchips, te lo dice y ya. Le toma cinco segundos.
Pero desmontarlo implica explicar biología, tecnología, fabricación industrial, logística médica, estudios científicos, desinformación digital… y aun así muchas personas seguirán dudando. Si tu eres de esas personas, vete por favor.
La cosa es que el principio de la asimetría de la estupidez, no se refiere solo a tonterías que diga cualquier persona random. El punto es que los sistemas de comunicación modernos recompensan la velocidad emocional, no la complejidad racional.
Ya hemos hablado mucho de eso.
El asunto aquí es que este principio también explica por qué tantos debates públicos terminan agotando a quienes intentan argumentar con rigor. Porque están peleando en desventaja estructural.
La idea de este principio fue popularizada por el programador y activista italiano Alberto Brandolini, de hecho también se conoce como la “Ley de Brandolini”.
Y nació, literalmente, de ver televisión política italiana y darse cuenta de algo profundamente desesperante: la verdad siempre llega cansada a la discusión.
En enero de 2013 Brandolini estaba viendo el debate televisivo entre Silvio Berlusconi y el periodista Marco Travaglio.
Berlusconi, figura central del populismo mediático italiano, lanzaba afirmaciones rápidas, ambiguas, emocionales, mezclando datos, insinuaciones y ataques personales. ¿Te suena?.
En cambio, Travaglio intentaba desmontarlas una por una con contexto y precisión. El asunto es que mientras uno tardaba segundos en arrojar cinco afirmaciones discutibles, el otro necesitaba minutos para desmontar apenas una.
Porque la estupidez, la propaganda o el bullshit tienen ventajas logísticas. Producir basura informativa no requiere evidencia, no requiere coherencia, no requiere honestidad intelectual. Pero refutarla sí. Y eso cansa. Y mucho… Es una economía desigual de esfuerzo.
Un hilo serio pierde contra un meme. Un estudio pierde contra una frase incendiaria. Una explicación de 20 minutos, pierde contra un clip editado de 12 segundos.
Y ahí es donde el principio de la asimetría de la estupidez se conecta con otro concepto, el de la manguera de falsedades.
La lógica es lanzar tantas versiones, tantas acusaciones, tantos rumores y tantas narrativas contradictorias, que el adversario se desgaste intentando responder. Porque la meta no es convencer. Es agotar.
Y quizá lo más brutal de la Ley de Brandolini es que explica por qué tanta gente seria termina retirándose del debate público.
Porque, la verdadno siempre gana por ser verdad.
Muchas veces pierde porque requiere demasiado esfuerzo cognitivo frente a narrativas simples, emocionales y fáciles de repetir.