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Eternas víctimas

Una mujer también puede ejercer violencia de la misma manera que un hombre.


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Copiar Liga
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Hola qué tal, yo soy Carolina Hernández y este es Sin Esdrújulas tu micro mini podcast en el que escribo cosas que luego leo y luego tú me ves leer. Hoy quiero hablar de un pequeño y poderoso texto que acabo de leer de Dahlia de la Cerda.

Manifiesto sobre la existencia de mujeres agresoras

En cuatro slides, la escritora hizo un manifiesto preciso y brutal de algo que a muchas aún nos sigue costando entender: las mujeres agresoras existen. Las mujeres no somos las eternas víctimas del sistema patriarcal.

Hay mujeres que también son opresoras porque el sistema no solo cuida a un género en particular, también cuida a la clase social, al estatus, a la jerarquía y sí, al color de piel.

Una mujer blanca, de clase alta y con conexiones políticas, tiene más en común con el "patriarca" que con la mujer que limpia su casa o la obrera que maquila su ropa. Hay una comodidad peligrosa en pensarnos únicamente como víctimas.

No porque la violencia patriarcal no exista; existe, mata y organiza el mundo, sino porque convertir la experiencia de ser mujer en una garantía moral no nos permite mirarnos al espejo.

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Y mientras discutimos si una mujer puede ser o no patriarcal, las jerarquías siguen funcionando intactas, vestidas de sororidad, lenguaje inclusivo y discursos pulidos. Hay un tipo de feminista que intenta convencernos de que la condición de mujer nos otorga una especie de "pasaporte de inocencia".

¿Cómo es el impacto de las jerarquías y privilegios femeninos?

Sostener que las mujeres no tenemos capacidad de ser agresoras es, irónicamente, una postura machista. Negar nuestra capacidad de ejercer el mal es negarnos nuestra agencia humana. Hay mujeres que deciden, que delinquen, que matan, que oprimen, que se ponen por encima de otras.

Quienes nos presentan solo como víctimas, nos convierten en seres pasivos y sin voluntad. El poder no se vuelve ético por cambiar de manos. Una mujer puede administrar la violencia con la misma eficacia que cualquier hombre si el sistema la respalda.

Puede silenciar, despedir, denunciar selectivamente, callar cuando le conviene y hablar cuando el costo no lo paga ella. Una mujer puede beneficiarse del racismo, del clasismo, del capital simbólico, de las redes políticas, y luego llamarlo “mérito” o “trayectoria”.

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Impacto de las jerarquías y privilegios femeninos en la perpetuación del sistema

Por eso incomoda tanto nombrar a la mujer que oprime. Porque rompe el pacto de silencio del privilegio. El patriarcado no es un club exclusivo de varones: es una arquitectura que protege a quien se acomoda bien dentro de ella.

Y hay mujeres que no solo se acomodan, sino que sostienen este sistema con disciplina. La narrativa de la mujer eternamente inocente no es emancipadora; es infantilizante. Reconocernos como algo más que siempre víctimas es reconocer nuestra complejidad y nuestra responsabilidad política.

Si el feminismo que te representa no sirve para señalar a otra mujer que utiliza su jerarquía para violentar, entonces no es un movimiento de liberación, sino un club de privilegios. Ignorar que existen mujeres opresoras es ignorar cómo funciona el mundo real.

Dahlia es clarísima en eso; la verdadera emancipación viene de mirar de frente nuestras propias violencias y entender que el enemigo no es solo el "macho", sino el sistema de jerarquías que muchas mujeres defienden con uñas y dientes para no perder su lugar en la cima.

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